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La mujer arrodillada
Sexo Oral
Su
marido la había puesto una venda en los ojos. Me dirigí hacía
la única luz que había en la casa. La puerta estaba entreabierta
y ella estaba de rodillas, con una venda en los ojos.
Su marido la había puesto una venda en los ojos. Nada mas entrar por el jardín
me di cuenta de que esa casa pertenecía a alguien verdaderamente importante.
El jardín estaba rodeado de pinos y un riachuelo artificial con peces de colores,
todo era césped perfectamente cortado y una magnifica piscina. Me dirigí hacía
la única luz que había en la casa. La puerta estaba entreabierta y ella estaba
de rodillas, con una venda en los ojos. Apenas había luz, pude distinguir una
figura masculina sentada al fondo mirándonos. Seguramente se trataba de su marido.
Ella iba vestida con un traje de noche negro, los hombros al descubierto. No
acertaba a ver demasiado. Era rubia y debía tener alrededor de cuarenta años.
Olía magníficamente bien. Sus ojos estaban cubiertos por una venda. Me planté
frente a ella y me desabroche los pantalones.
Al escuchar la cremallera la mujer abrió lentamente la boca. Le metí mi polla
sin pensarlo. Una hora antes estaba en mi casa tranquilamente chateando cuando
un desconocido me hizo una sugerente oferta. Me había ofrecido la boca de su
esposa. Nada más. No podía verla, tampoco tocarla, solamente metérsela en la
boca. Ese era el trato. A cambio me ofrecía la mejor mamada de mi vida y a juzgar
por como movía la lengua aquella mujer, su ofrecimiento estaba totalmente fundado.
La mujer había cogido mis testículos con una mano, por la base y los masajeaba
suavemente, con la otra mano me masturbaba lentamente mientras metía mi polla
en su lengua hasta la mismísima base. Su lengua entonces se paseaba por la superficie
de mi glande, después sacaba la polla de su boca lamiéndome en ese camino y
besaba la punta, la mordía suavemente por fuera y después la volvía a tragar,
acompasando sus manos, su lengua, su boca, su respiración. Todo era sencillamente
perfecto. Puse una de mis manos en su cabeza.
-No haga eso –dijo el hombre sentado en la penumbra con voz firme.
No se porque pero retiré inmediatamente mi mano de su cabeza. No debía tocarla
y no iba a hacerlo. La voz de aquel hombre me sonaba de algo pero no sabia de
que. Quizás se trataba de la voz de alguien famoso. Yo no conocía a nadie que
tuviese una casa como aquella.
La mujer había comenzado a aumentar el ritmo de la mamada. Si antes lo hacia
bien ahora era simplemente maravilloso. Si seguía así no iba a tardar demasiado
en correrme. Su lengua… sus labios… sus manos… no podía resistirlo. Abrí las
piernas para no perder el equilibrio, me flexioné un poco y lancé la primera
descarga en su boca mientras gritaba de placer. La mujer liberó un poco la presión
y continuo chupando lentamente mientras yo la inundaba la boca de semen. Escuche
como ella tragaba y seguía chupando.
Y siguió haciéndolo hasta que no quedó ni una sola gota. Después saco la lengua
y me limpió completamente, con autentica devoción. Cuando hubo acabado dijo
simplemente "he acabado". Entonces su marido me dijo que me subiese los pantalones
y me fuese. Lo hice con las piernas aun temblando de la emoción. Volví a mi
casa y me metí en la cama. No pude dormir en toda la noche, deseaba volver a
meter mi polla en la boca de aquella desconocida. Deseaba volver a sentirla,
a olerla. Deseaba ver su rostro y su cuerpo desnudo.
Cuando a la mañana siguiente me dirigí al trabajo aun no había apartado su imagen
en la penumbra de mi mente. Apenas había dormido. Me senté en la silla de la
entrada y procuré concentrarme en mi trabajo. Soy vigilante jurado en la sede
central de un gran banco. Cada día veo pasar a cientos y cientos de poderosos
hombres de negocios. Imaginé que cualquiera de aquellos hombres podía ser el
marido de la mujer que la noche anterior me la había chupado. Instintivamente
comencé a morderme las uñas, estaba terriblemente nervioso, deseaba volver a
casa y conectarme a Internet para encontrar a aquel desconocido.
-No haga eso –me dijo una voz demasiado conocida.
Levanté la vista. Era uno de los consejeros.
-No se muerda las uñas –dijo finalmente- no es bueno…
"No haga eso". Era su voz… de eso no cabía ninguna duda. Era el. Se dio la vuelta
y comenzó a caminar en dirección a los ascensores.
-Un momento… -le dije.
-¿Si?
-¿Me reconoce?
-Claro… es el vigilante de seguridad, está cada día usted aquí. ¿No?
-Anoche su mujer me hizo la mejor mamada de mi vida…
Por aquella frase perdí mi trabajo. La próxima vez que una desconocida os la
chupe en la penumbra mientras su marido os observa… aseguraos que es la mujer
del jefe. Porque si no podéis perder el trabajo. Nunca más volví a ver a aquella
mujer. No se si era la mujer de aquel tipo o no. Tampoco me importa.
Aquella mamada bien valía perder el trabajo. Os lo aseguro