Delirio Porno. Buscador de Sexo, Relatos Eroticos, Fotos, Videos
Cuentale a un Amigo/a
Buscador de Sexo Relatos Eroticos Fotos
Porno Hispano Videos Porno Envíanos tu Relato
Navegación
Buscador
Porno Hispano
Noticias de Sexo
Fotos
Vídeos
Relatos

Videochat Barato
 
videochat barato

PORNSTARS Webcam
 

Chicas con Webcam
 

VIDEOS PORNO GRATIS
 Porno Gratis

Parejas Webcam
 
Parejas en Webcam

Cams de Latinas
webcam latinas

Cams Porno por SmS
Webcams Porno enviando 1 SmS
Enlaces de Sexo

Tu Buscasexo
BuXcaSeX
Postales X
Busca Sexo
Buscador Porno
Busca Webs Porno
La Guia de Sexo
Sexo por la Webcam

Relatos Porno, Noticias Porno curiosas, Fotos Porno, Videos Porno, Webcams Porno y mas en Delirio Porno, buscador porno gratis. Si tienes relatos o experiencias porno y quieres que aparezcan aqui, envialos a traves del menu superior Envia tu Relato y lo publicaremos.

WEBCAMS PORNO EN VIVO






Conversión al placer Sado

 

Relato
de una Ama convertida a esclava por su propio esclavo.


Me siento acorralada. Me observo en el espejo que has colocado frente a mí,
y maldigo el día en que accedí a probarte. Tú, condenadamente hermoso, eras
mi esclavo. Besabas mis pies con delicadeza extrema, ansiabas solamente mis
suspiros de placer. Singularmente bello, tu cuerpo estaba enteramente a mi servicio,
ni siquiera osabas mirarme con tus ojos color miel si yo no te lo permitía.

Ayer me pediste permiso para hablarme, y yo te lo concedí durante el tiempo
que dura un café en aquella cafetería céntrica que tanto nos gusta. Me propusiste
cambiar los roles. Llena de curiosidad, yo, tu Ama, acepté. Me convertí en tu
esclava. Y allí mismo comenzó mi delirio. Me indicaste mi ropa, y me llevaste
hasta mi casa a cambiarme… Pasamos de largo aquella habitación que tan bien
conoces, y vi tu mirada soslayada, astuta. Me elegiste un vestido, y me lo puse
para ti. Medias, liguero, zapatos… todo lo escogiste tú.

Me dejaste para que me vistiera tranquila, y fuiste a la cocina. Te oí revolver,
y luego escuché el tintineo de una copa contra el vidrio de una botella, supe
que habías servido vino.

Llegué a tu lado, dispuesta a complacerte. Me colocaste el mismo collar que
tú portabas, y me arrojaste al suelo. Me dijiste que ese era mi sitio, que era
una perra, y que ahí debía estar siempre. Levanté hacia ti mi mirada, y un seco
chasquido de tus botas me obligó a agachar la cabeza, a humillarme. Ya excitada,
me arrastré hasta tus pies deseando adorarlos, pero me rechazaste. Dijiste que
era sucia, que no querías tocarme. Con unas pinzas te deshiciste de mi ropa,
y me ordenaste que me introdujera en la ducha. Ataste mis manos a la barra,
tapaste mis ojos, y sentí el impacto del agua helada sobre mi piel ardiente.
Grité. Me amordazaste con ese juguete tan especial que yo tenía para que no
pudieses cerrar la boca. Cuán perverso te has vuelto…

Después de ducharme, me sacaste a rastras, y me arrojaste de nuevo al suelo.
"Ni una queja" me ordenaste, y comenzaste a atar mis manos y mis piernas, muñecas
y tobillos juntos. Me quitaste la venda, y vi lo que te proponías hacer. Protesté.
No estoy habituada a someterme, pero tu golpe certero en mis nalgas me hizo
callar. Poco a poco comenzaste a tirar de la cuerda anillada a la polea del
techo, y sentí cómo me izabas. Después de colocarme como querías, ataste a mi
pelo otra cuerda, tensándola hasta que mi cabeza quedó hacia atrás. Te situaste
muy cerca, sacaste tu hermosa y muchas veces atormentada verga, y la introdujiste
en mi boca, moviéndome adelante y atrás en el aire.

De pronto te detuviste, y sentí dos intrusiones en mi cuerpo. El dolor de estar
colgada, junto con los dos enormes vibradores que tu invitada me estaba introduciendo
en el culo y en el coño, fue demasiado. Me abofeteaste ante mi intento de expulsarte
de mi boca, y comenzaste a follármela salvajemente, provocándome náuseas una
y otra vez. Mientras, Andrea, tu amiga, había puesto los vibradores al máximo,
y me estaba acariciando, pellizcando y estirando el clítoris. Yo, presa ya de
locura, me corrí sin pedirte el permiso necesario, me corrí como la zorra y
la puta que me sentía, y tú, al sentir mis estremecimientos, comenzaste a empujarme
hacia ti hasta que te vaciaste con un grito en el fondo de mi garganta, mientras
tu amiga lamía los jugos que yo iba soltando, obediente a una orden tuya… no
deseabas que se ensuciara el suelo por mi culpa, recuerdo que le dijiste…

Sentí como me bajabas, hasta que mi espalda tocó el suelo. Sonriendo, nada en
tu hermoso rostro evidenciaba lo que se me venía encima. Retiraste mis cuerdas
y correas, y yo te lo agradecí derramando mis lágrimas, lavándote los pies con
ellas. Y de pronto, sentí un metal helado en torno a mi cintura… ¡Me aprisionaste!
Hiciste lo mismo con mis manos, de modo que pudiera moverme, pero atada a una
cadena cuya llave cuelga indolente sobre tu pecho. Tu amiga Andrea trajo dos
cuencos. Uno con agua, otro con algo de comida. Los puso a mis pies, y tu voz
profunda dijo unas palabras que reverberarían en mi alma de esclava recién descubierta
durante mucho, muchísimo tiempo:


"Aquí te quedas, perra, mañana volveré."
Webcam sms