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Por mi salud
Jovenes
Un
muchacho de 15 tiene ciertos problemas sexuales, pero tiene miedo de ir con
el médico para resolverlos.
En el camión tenía dudas sobre la visita al doctor. Pero no era mas que simple
miedo y vergüenza. Era un problema del que no quería contar a mis padres, no
era nada grave, pero simplemente me daba vergüenza hablar de eso con ellos.
El médico que trataba mi padre, era el Dr. Castro, era muy bueno, o eso había
oído, pero simplemente no quería que me tratara él. Digo, que tal si yo iba
y me preguntaba "Oye David, ¿cómo va la incontinencia de tu papá?". Hubiera
sido bastante traumante. Mucho mas si el parlanchín doctor le contaba de mis
problemas a mi padre.
Ya en la clínica del gobierno, espere a que me nombraran para que pasara con
el médico especializado. Una vez que me llamaron, me sorprendió que no me diera
cuenta que era doctora y no doctor cuando hice la cita.
Es algo curioso, la mayor parte de los ginecólogos que conozco son hombres...
y por alguna razón la mayor parte de los urólogos también. La Doctora Pineda,
de la facultad de medicina de (¿dónde mas?) la UNAM, era la excepción entre
los urólogos, supongo.
Me saludo muy cordialmente y me invito a pasar. Nunca he sido bueno para calcular
la edad, pero debía tener mas de 25 pero menos de 30. Era delgada, como si en
realidad fuera gimnasta o bailarina y tenía un rostro precioso. Morena, como
de 1.75m y pelo largo amarrado en la clásica coleta de caballo, bastante informal
y casi sin maquillaje, tenía una piel hermosa, una nariz equilibrada y unos
preciosos ojos azules-verdosos que llamaban muchísimo la atención.
Con una mujer así de linda, iba a tener mas problemas en explicarme y nada mas
verla ya sentía que me moría de pena. Pero ya era tarde para cancelar la cita
y hacer otra con Castro.
En cuanto me senté frente a su escritorio me comenzó a hablar en un tono de
lo mas amigable.
- Muy bien señor... – se dibujo en su cara una sonrisa brillante - ¿quieres
que te llame señor?.
- David esta bien... – conteste con pena de mirarla.
- Esta bien, mira David – ella iba a repetir ese "Mira David" un millón de veces
- sé que es difícil hablar de estos temas, pero tenme confianza, estoy aquí
para asegurar que te alivies.
- Ok...
- Bien, ¿en qué te ayudo?.
- Pues mire... esto...
- ¿Tienes alguna duda sobre el sexo o algo así?
- No... no es eso... es algo mas... menos sexual, es algo con mi cuerpo.
- Quítate la pena, y platícame.
Debimos estar así un par de minutos, ella era agradable pero presionaba, bueno,
había otros pacientes esperando. Pensé que estaba perdiendo el tiempo y que
no resolvería nada si no hablaba, así que confesé.
- Pues mire doctora... ya se eso de la adolescencia y de los cambios de mi cuerpo
y todo aquello, yo me desarrolle en... esas cosas como a los 11 y creo que para
los 13 ya estaba... pues... "crecido" en mis... en los órganos sexuales.
La mire. No parecía tener expresión diferente, sonreía con los labios y me miraba
casi con ternura. Me dio confianza para continuar.
- Bien... hace como... bueno, como a los 12 años me... yo comencé a... – ¡Como
costaba decirlo!.
- ¿Empezaste a masturbarte? – interrumpió ella.
- S.. si...
- Ya, tranquilo, no te pasa nada si lo dices ni si lo haces. ¿A los doce? Hmm...
creo que yo también comencé como a esa edad...
Esa rápida confesión me dio risa, se notaba que la doctora era bastante sociable
y locuaz. También me dio confianza para continuar.
- Si.. bueno, cuando lo hacia, lo que... "expulsaba", el semen pues... pues
era... normal.
- ¿Qué tan normal? – comenzó a tomar un aire mas profesional.
- Pues... ya sabe... – me sentía como un marrano indecente al decir esas cosas
– un par de chorritos y unas gotas.
- Ah... ¿te refieres a la cantidad que expulsabas? – comenzó a tomar notas en
una libreta - ¿qué a pasado?.
- Mire, yo estoy bastante seguro que esa cantidad es la normal en mi. Pero hace
como un mes, cuando... lo hago, expulso muchísimo mas.
- ¿Qué tanto?.
- Pues... como 4 u 5 chorros... grandes...
- Hmm... ya veo – ella seguía con la mirada en su libreta y solo levantaba la
vista para hacer sus preguntas. Parecía que le estuviera dictado ecuaciones
algebraicas.
- Y... bueno, es por eso que he venido. ¿tenía que ir con el sexólogo?.
- No, no... con él son otro tipo de cosas, esto parece ser mi tema. ¿El semen
sale espeso?.
- Si, mucho.
- ¿No sale mucha "agüita" cuando eyaculas?.
- No, es bastante espeso como le dije.
- ¿El color es normal?.
- Si, como lo era antes de que este cambio pasara. Quizás un poco mas blanco
porque es mas espeso.
- Ya veo... ¿pero no se ve verdoso o amarillento?.
- No, para nada.
- Antes de eyacular, cuando el pene esta erecto, ¿sale mucho fluido?.
- ¿Lubricante? Si, también eso ha aumentado y sigue siendo igual de transparente
que antes.
- ¿Qué tanto lubricante?. Esto es mas difícil de calcular pero trata de hacer
un calculo aproximado.
- Pues... digamos que... si traigo los calzoncillos puestos, se me moja mucha
tela de adelante, como unos cuatro por cinco centímetros.
- Ok... mira, parece normal. Voy a hacerte unas preguntas que son algo personales,
pero no te preocupes, que no te voy a juzgar ni nada, es solo para el diagnostico.
- Esta bien...
- A ver... – miro el expediente y agarro la forma de la consulta – tienes 15
años 8 meses... masculino por supuesto... 1.65, 60 kilos... Bueno, ¿cada cuanto
te masturbas?.
- Como... una vez cada dos días mas o menos...
- Muy bien... En lo que te ha durado este problema ¿te has masturbado dos veces
al día?.
- Este... si una vez... la segunda vez el semen salió mas normal, pero ligeramente
abundante.
- Hmm... ya veo...
Se puso a meditar un momento, y a mi me dio algo de pánico y tuve que preguntar.
- Oiga doctora... ¿tengo que quitarme la ropa o algo?.
- ¿Eh? No, no es necesario, si quieres pero el cuero de la sillas se pega mucho
a la piel.
Eso me dio algo de risa y sobre todo me tranquilizo. Estar desnudo frente a
una mujer tan bonita podría ser motivo de gusto, pero para un chaval como yo
de 15 años era casi aterrador.
- A ver... aquí van unas mas personales. ¿Cómo cuanto le mide el pene?.
- Pues... unos 15 cm parad... (se me trabo la lengua) erecto (corregí).
- ¿Crees que te ha crecido el pene en estos dos meses?.
- Hmmm... no, creo que sigue igual.
- Ok... ¿es normal el tamaño de tus testículos?.
- Si, yo creo que si.
- ¿haces ejercicio?.
- Si, corro un rato en la pista de la escuela después de clase y juego fútbol.
- Muy bien... – levanto la vista y me miro todo el cuerpo – no, no estas gordo...
¿Tomas medicamentos? ¿Testosterona o algo así?.
- No, creo que no... ¡Espere! Tomo un suplemento alimenticio, es la marca...
(no importa), el doctor Ramírez me lo receto para mi crecimiento, la altura...
ya sabe....
- Ya veo... ¿has tenido relaciones sexuales o algún tipo de contacto sexual?.
- ....... – esa si que era dura – no... no he tenido ningún contacto...
- Ok... ¿transfusiones? ¿alguna operación?.
- No... ninguna... no me a tocado una aguja en 2 o 3 años.
Se levanto y me reviso los ojos, la boca y los oídos, como cualquier médico
general. Me descubrí el pecho para que escuchara mis pulmones y mi corazón.
Cuando termino se me quedo mirando un momento y volvió a sentarse.
- Mira – dijo ya mirándome de frente – me parece que estas sano.
- Bueno... – yo seguía teniendo miedo de mirar esos ojos tan brillantes.
- Lo mas probable es que esto sigua siendo parte de tu crecimiento... pero también
sospecho que puede ser algo que estés comiendo o el suplemento que estas tomando.
- Ok, ¿debo dejar de tomarlo?.
- Si, y vas tomar este... (me dijo uno impronunciable). Va a hacer lo mismo
pero su formula es diferente. Si todo va bien, nos vemos en un mes, pero si
notas que estas eyaculando más, vuelve antes.
- ¿Si eyaculo más dejo de tomar este nuevo suplemento?.
- No... bueno, si quieres déjalo pero este no te va hacer nada. Ah... y una
instrucción más que te va a gustar mucho... jaja... – dejaba el aire profesional
y volvía al de niña juguetona – no dejes de masturbarte cada dos días y si puedes,
diario, y mide como puedas lo que eyacules. Si estas expulsando lo mismo que
en los últimos dos meses, entonces es pura cosa de crecimiento.
No me dio tanta risa ese comentario pues era algo personal.
Me dio la receta para que la cambiara en la farmacia de abajo y nos despedimos.
Al fin de cuentas había resultado ser mas fácil de lo que pensaba.
Además, el diagnostico era bastante benévolo. Hacia unos meses que llegue a
escuchar las palabras "Cáncer Testicular". Jamás me puse a investigar cuales
eran los síntomas, pero en cuanto vi el aumento de mi flujo de semen, lo relacione
de inmediato y me entro pánico.
Cuando regrese a casa ya habían llegado mis padres y tuve que confesarles que
había ido al médico. Mi madre no le dio importancia. Después de la cena se retiraron
mi madre y mis hermanos y solo quedamos mi viejo leyendo el periódico y yo bebiendo
leche con chocolate.
- ¿A que fuiste al médico, hijo? – pregunto el sin desviar la vista del papel.
- Pues... tenía un problema...
- Ah... ¿fuiste con un especialista?.
- Este... sí, con el urólogo.
- Ya veo ¿no es nada grave?
- No, para nada, me atendió la doctora Pineda.
- Hmmm... a mi me atendió durante las vacaciones de Castro. Creo que es buena
pero algo seria.
- ¿Seria?, a mi me pareció muy agradable y extrovertida.
- Hmmm... tal vez el día que fui tenía muchos pacientes... digo, la mayor parte
vamos con Castro y cuando el no esta, se ha de cargar mucho ella.
- Si, debió haber sido eso...
Terminamos nuestras bebidas y nos fuimos a dormir.
El comentario de mi papá me dio algo de alegría. En mi imaginación creía que
quizás yo le había gustado a la doctora, pero la ilusioncita de adolescente
no me duro mucho pues recapacité que ella era, mínimo, 10 años mayor que yo.
Además que yo solo era un escuincle baboso. (Nadie haga comentarios sobre el
"era").
A partir del día siguiente comencé a tomar la nueva "medicina" y olvide a la
anterior. No paso nada en la siguiente semana. Pero para el sábado siguiente,
logre poder quedarme a solas en mi casa con una magnifica revista porno de chicas
pechugonas que me presto un amigo.
Como era prestada, yo no quería manchar la pobre revista con el producto de
mis masturbaciones, pero aquella ocasión, con solo 3 días de descanso y sin
desearlo en absoluto, eyacule tanto que deje perdida la foto de una exuberante
rubia y deje muy manchada el resto de las páginas, además, por la cantidad de
esperma que tenía, los chorros fueron muy altos y esa fue la razón de que se
manchara.
Tuve que comprarle la revista a mi amigo (bastante cara, por cierto), con tal
de no tener que devolverle una revista pringada y arruinada. De inmediato hice
otra cita con la doctora en dos días.
Sin embargo, al día siguiente de hacer la cita, me hablaron de la clínica para
avisarme que la doctora había cancelado mi cita para el día siguiente. Pero
como sabía que lo mío era urgente (quizás no mucho, pero a mi si me preocupaba),
la doctora le había dado instrucciones a la telefonista de que me comunicara
que podía verla al día siguiente en su consultorio particular.
Por fortuna, el consultorio estaba cerca de mi casa, pues la telefonista me
informo que tenía que llegar como a las ocho de la noche y yo no quería regresar
muy tarde a mi casa. La doctora tenía todas las demás horas ocupadas con sus
pacientes particulares.
Al día siguiente fui a la hora que me señalaron al consultorio. El edificio
era una casa que había sido adaptada, como muchísimos otros consultorios de
la colonia Roma y otras partes de la ciudad.
La recepcionista era una enfermera (supuse que era enfermera por su blusa y
pantalón de mezclilla blanca), al entrar, me barrió de arriba abajo con la mirada.
- ¿Viene a ver a la Doctora Pineda? – preguntó seria.
- Eh... Si... ¿cómo lo supo?.
- Bueno – por fin sonrió unos dientes blancos – todos los demás médicos ya se
fueron, y me dijo que un muchacho iba a venir en la noche. Tome asiento. La
doctora ya esta atendiendo a su último paciente.
Me senté en la recepción y para pasar el tiempo, disimuladamente mire a la enfermera
que leía un libro. Era todo un bombón. Un poco mas alta que yo, la edad la calcule
como de 20 a 25 años basándome en que ya era enfermera... y también en su cuerpo,
pero su rostro se veía de 15. Pelo rizado castaño oscuro que le rozaba los hombros,
una cara común de piel cobriza, a excepción de unos grandes y vivarachos ojos
café oscuro y unas cejas gruesas e interesantes que le daban un aspecto muy
sensual a su mirada. Pero lo mejor era su cuerpo, con todo y la estrecha ropa
que llevaba, se notaban unos senos voluminosas, una cintura angosta y unas nalgas
respingadas y duras.
Como a los 20 minutos se abrió una puerta y salió un hombre alto canoso, abrazado
de una muchacha joven muy atractiva. Detrás de ellos salió la doctora. En cuanto
se fueron, la doctora me saludo y me invito a pasar, no sin antes lanzarle una
mirada a la enfermera, que se levanto y entro después de nosotros.
- Siéntate – me dijo la doctora sentándose en frente de su escritorio – No te
preocupes por Claudia, es una tumba para guardar secretos.
Voltee a ver la enfermera Claudia, que estaba parada muy solemnemente detrás
mío. Estuve a punto de preguntar porque tenía que estar ella presente, pero
me dio algo de pena. La doctora empezó de golpe.
- David, ¿aumento el flujo de semen?.
- S... Si, doctora.
- ¿Mucho? ¿El doble? – abrió su carpeta y se puso a escribir lo que decía.
- No... no el doble... – me sentía bastante cohibido con la enfermera ahí –
pero... yo diría que un 50% mas... y... era mas espeso...
- Hmm... ya veo... ¿cuándo te diste cuenta?.
- Hace como... – voltee a ver la enfermera pero parecía una estatua sin expresiones
eso me dio algo de confianza – hace como 4 días.
- Hmmm... ¿te volviste a masturbar?.
- Ejem... si... ayer... y anteayer... el flujo fue igual de abundante...
- Ya veo... la primera vez que lo descubriste, ¿cómo te estabas masturbando?.
Casi doy un salto de la impresión, ¡esa si que era una pregunta!. Pero supuse
que era necesaria para fines médicos.
- Ej... e.... pues... con las manos.
- Hmmm... – como en la clínica, ella escribía y se mantenía muy profesional
- ¿qué estimulación tenías? ¿una revista? ¿una película?.
- Pues... no ent... bueno, con una revista.
- ¿Salpicaste mucho la revista?
- Sss... si... – eso ya estaba muy salido de contexto.
- ¿qué tanto?.
- Totalmente empapada...
- Hmm... si fue demasiado...
Eso último como que me hizo pensar que las preguntas anteriores tenían finalidad.
Además, seguía la doctora con un tono muy profesional.
- Oye, disculpa – me dijo – estas últimas preguntas sé que suenan medio fuera
de lugar, pero quiero tener una idea de que tan abundante es tu esperma. Sé
que te da pena que te oiga también Claudia, pero créeme que a ella le da igual
todo lo que oye.
- Es cierto – afirmo Claudia "rompiendo la escultura" y sonriendo – Como lo
suyo, David, escucho todos los días. Y hay cosas que... ¡Bueno! Si pudiera contárselas
lo espanto.
Eso me quito algo de miedo y me sentí menos tenso. Pero la doctora se me quedo
mirando y meditando. Después de un par de minutos de silencio mortal, volvió
a hablar.
- David, pensé que era el complemento el que te hacia ese efecto. Pero el nuevo
que te mande, en teoría, debía frenar el flujo y parece que solo te lo aumento
y no parece tener razón pues no tiene compuestos que hagan ese efecto.
- ¿Puede ser grave?.
- Hmm... no, no lo creo, como te dije la vez pasada creo que es cosa de crecimiento...
pero... bueno, quiero estar segura, así que... te tengo que pedir que te desvistas
para que te revise los órganos. Cuando vi sobre tu cita ya me imaginaba esto,
por eso Claudia ha entrado, para que te saque un poco de sangre que voy a enviar
a la clínica mañana para que te analicen.
No había remedio, si quería estar seguro que mi salud era perfecta, tendría
que hacerlo, negarme y salir corriendo sería estúpido, solo que ahora sería
peor que en el consultorio del gobierno pues ahora no solo tenía una mujer bonita
sino también una muchachona buenirrima. Mi miedo sobre todo, era tener una erección
frente a ellas, pues seria muy embarazoso.
La doctora me señalo un biombo, donde podía desvestirme detrás de él. Fui para
aya mientras la doctora le hacia una seña a la enfermera y me dijo que me tenía
que desvestir completamente.
Me había quitado la playera y la camisa, cuando Claudia apareció a mi derecha
con una bata doblada entre sus brazos, se veía preciosa cuando sonreía.
Me puse de espaldas a ella pero no me atreví a pedirle que se fuera. Me quite
el resto de la ropa, Claudia me señalo que también me quitara los calcetines.
Trataba de no voltear para que no me viera el pene, pero no me daba cuenta que
de hecho le mostraba mi buen culo.
Cuando termine me pidió que me volteara, me barrió otra vez de arriba a bajo
con sus mirada y extendió la bata para que metiera los brazos y después lo amarro
detrás de mi espalda.
Salí del biombo y la doctora me indico que me sentara en la cama-taburete. Yo
temblaba literalmente de nervios y ella lo noto. Una vez sentado, Claudia me
midió la presión y me saco un poquitín de sangre que metió en el refrigerador
que estaba en ese mismo cuarto.
Ya llegaba el momento de la verdad. Me pidió que levantara la bata y la sostuviera
a altura de mi pecho. Con todo y que me moría de miedo, no desestimaba lo erótico
que resultaba tal examen, al estar con dos mujeres muy bellas, por lo que me
costaba mucha concentración mantener el pene apenas inflamado, pero no erecto.
La doctora lo miro un momento, Claudia se inclino también para verme, las dos
con caras absolutamente serias y sin morbo.
- David – me dijo la doctora – te voy a esculcar, no te asustes, ponte tranquilo.
- E..s... s.. sii... – respiraba rápido, o al menos tenía necesidad de hacerlo,
pero también me contenía en no hacerlo, de lo contrario estaría aspirando tan
rápido que hasta jadearía.
Con delicadeza empezó a esculcar mis testículos, el escroto y la base del pene,
al sentir sus manos ¿desnudas? En mi miembro, no pude contener mas y mi pene
se paro de golpe. Pero a pesar de lo rápido, ninguna se sorprendió.
- P...p-ppeerdón, doctora – estaba super apenado – disculpe... y.. yo no quise...
- No te preocupes – concilió la doctora sonriendo – es muy normal... mas con
Claudia aquí.
- Doctora... – le dijo en tono amenazante.
- ¿Qué no es cierto? A ver David, Claudia esta muy buena ¿o no?.
Solo baje la vista y moví la cabeza de forma afirmativa. Ambas soltaron una
risita y la doctora continuo esculcándome. Levante un poco la vista, y me tope
con los senos de la enfermera, apretujados dentro de su escote, parecía que
a la doctora no le molestara mi erección, así que empecé a verle lo bueno a
la situación. Pero no duro mucho, unos segundos después, Claudia se erguía de
nuevo.
- Bueno doctora – dijo – si ya no me necesita voy a cambiarme para irme.
- ¿Eh?.. si, si, claro, adelante.
Claudia salió del cuarto rápidamente y volvió con una maleta, donde supongo
llevaba la ropa de calle. Se fue detrás del biombo y comenzó a desvestirse.
Ponía su uniforme sobre el biombo mientras se iba desnudando, cuando subió los
pantalones, tuve ganas terribles de tirar el mentado pedazo de tela para verla.
- Oye Claudia – dijo la doctora – ven tantito, quiero saber tu opinión.
Y de inmediato salió Claudia del biombo, ni la doctora ni yo lo esperábamos.
Tenía puesta una lencería negra preciosa de dos piezas que era un braciere con
encaje semi-transparente y un tanga tan chico que se podía notar que la enfermera
se depilaba muy bien esa zona. Para rematar, unas medias a medio muslo con ligueros,
que se sujetaban a la cintura. Me sorprende no haberme corrido al verla.
- ¡Claudia! – exclamo la doctora - ¡No es tan urgente! Te necesitaba una vez
vestida.
La enfermera pareció apenas darse cuenta de su poca vestimenta e instintivamente
se tapo los senos y el pubis. Pero a los pocos segundos retiro las manos.
- Bueno, no me importa que me vea así un paciente – dijo.
- Hay Claudia... ¿qué voy a hacer contigo?.
Esta se acerco a mi y se inclino para ver mi miembro, de nuevo vi sus senos
pero por la reducción de ropa se veían mejor y se podía notar lo grandes que
los tenía.
- ¿En que le ayudo doctora?.
- Bueno, toca aquí...
Puse toda mi concentración en no correrme, cuando ambas pusieron sus manos un
poco abajo del glande.
- ¿Notas algo raro?.
- Hmmm... – palpo bien – no doctora.
- Bien, entonces solo era mi imaginación.
Me quede mirando tal procedimiento con curiosidad.
- Estoy enseñando un poco de urología a Claudia – explico la doctora – a veces
necesito un ayudante, no te preocupes, ella es muy profesional.
Retiraron las manos y se me quedaron mirando un momento. Después la doctora
intento decirle algo a Claudia, pero antes de que terminara de pedirlo esta
ya movía la cabeza de forma negativa.
Por primera vez, la doctora se vio nerviosa, se rasco una ceja, y medito un
momento mas.
- Mira David, te voy a pedir algo... muy especial... mira, es que... el problema
es el semen y por lo tanto necesitamos una muestra...
- Espere – exclame - ¿quiere que me masturbe?.
- Pues... si, y necesito que lo hagas enfrente de mi, pues necesito ver como
es la eyaculación...
Me puse pálido.
- ¿No hay otra forma? – pregunte.
- De hecho sí, pero ni a Claudia ni a mi nos gusta usarla en chicos de tu edad...
puede ser traumante, consiste en introducir un tubo de metal en tu ano y aplicar
una descarga eléctrica a la próstata... ¿Quieres que lo usemos?.
- No... creo que será mas fácil masturbarme.
- Muy bien. Claudia, trame un recipiente de muestras.
La enfermera se alejo para abrir una gabeta y traer lo pedido. En eso pude ver
su culo que se contoneaba a su caminar, y que la tanga apenas tapaba con hilos
no mas anchos que un meñique de bebé.
Me dieron el frasco y se acercaron para observar, sin embargo, yo estaba tan,
pero tan nervioso que el frasco se me cayo 2 veces al suelo y ni podía comenzar
con el chaqueteo. Claudia fue por uno limpio.
- Estas demasiado nervioso – me dijo la doctora – estas temblando como gelatina.
- Es que... – mi respiración era tan rápida que no la podía ocultar – me da
mucha pena...
Volvió Claudia y le lanzo una mirada a la doctora, esta asintió. Claudia sonrió
pícara, abrió el recipiente y se sentó a mi lado.
- Nunca habías estado con una chica, ¿verdad? – me pregunto.
- No...
- Se nota, estas muy excitado... mira... ¿te puedo masturbar yo?.
Si yo estaba pálido antes, debí ponerme transparente después de eso. No pude
moverme.
- Si quieres, la doctora te lo puede hacer...
Moví negativamente la cabeza con mucho trabajo.
- ¿Quieres que lo haga yo?
Tuve que mover la cabeza con la quijada. para dar mi afirmación.
- Muy bien... ¿te gusto? ¿sí?... si quieres puedes verme mientras lo hago...
Sin tomar mas tiempo, puso con una mano el envase frente a mi polla, y enrollo
esta con la otra mano, con plena autorización le miraba esos grandes y hermosos
pechos como poseso. Comenzó a mover lentamente su mano por mi rabo, lo que provoco
que mi respiración llegara un grado tal que los jadeos se convirtieron en "ai...
ai... ai...". Por mi gran grado de excitación, no pude durar mucho.
Menos de un minuto después de empezada la paja, comencé a llenar el envase.
La doctora miraba con mucha atención mi eyaculación.
- Muy bien David, bien, lo haces muy bien – exclamaba Claudia.
No parecieron impresionarse cuando saque los primeros chorros, pero al cuarto,
ya no podían creer todo lo que estaba sacando de mis testículos, creo que todos
tuvimos miedo de que se desbordara el recipiente. Pero ya cuando estaba lleno
a 2/3 termine completamente. Entonces cerré los ojos para disfrutar mas la sensación.
- ¡Dios! – fue lo primero que oí después de tan increíblemente bestial orgasmo,
y me asusto bastante.
- ¿Pasa algo? – pregunte con miedo, saliendo de mi letargo.
- No, nada – me contesto la doctora, Claudia se limpiaba las manos y mi polla
con un pañuelo, pero había sido tan intenso el orgasmo, que no note que me lo
seguía tocando hasta que abrí los ojos.
- Es solo que sacaste mucha, David – me dijo Claudia ya levantándose y separándose
de mi.
- Hmmm... - la doctora olió en envase y se lo acerco a Claudia para que lo oliera
también – normal ¿no?.
- Si, buen olor, me parece normal.
- Bueno, a ver que dice el laboratorio... Oye Claudia, ¡Te hubieras puesto la
bata! Te pudiste ensuciar mucho.
- Ah no se preocupe, ese tipo de manchas se quitan rápido de esta tela.
En cuanto Claudia se volvió a ocultar detrás del biombo, la doctora casi se
cae a carcajadas.
- Esta claudia... – me susurro – no se da cuenta ni de lo que dice ni de lo
que hace...
Pero yo ni lo note, estaba como autista, viendo hacia el frente.
- ¿Estas bien? ¿Oye, despierta?.
- ¿Eh?... disculpe... – me sentía fuera de lugar, bastante extraño, como si
me acabaran de poner ahí y no supiera a que vino todo eso, ni como había llegado
ahí.
- ¿Te sientes bien?.
- Si... si... solo que fue algo... fuerte...
La doctora me dio un beso en la frente, que me volvió a la vida.
- Tranquilo, algún día te iba a pasar ¿o no?.
- Si.. supongo que si...
- Bueno, ahora cámbiate.
En cuanto salió Claudia del biombo ya vestida con ropa de calle, me volví a
vestir yo. Entonces los tres nos sentamos de nuevo frente al escritorio.
- David – comenzó la doctora - ya con lo que he visto y lo que te he examinado,
creo que estas muy sano y que el aumento en el flujo de semen se debe a simple
crecimiento.
Miro a su enfermera, esta no hizo ningún gesto, pero algo debieron decirse.
- Aun así – continuó – vamos a ver que dicen los análisis de tu semen y de la
sangre. Mañana voy a entregar tus muestras al laboratorio de la clínica. Nos
vemos ahí en una semana.
- Eh... doctora... – interrumpió Claudia – creo que David se sentirá mas a gusto
si mejor nos vemos aquí la próxima semana, y no en la clínica.
- Hmmm... ¿qué dices David?.
- Esta bien... creo... aquí hay menos gente y me da menos pena... creo...
- Acordado entonces, aquí la próxima semana, pero también ven después de las
ocho que he tenido todo muy ocupado últimamente.
Cerramos la clínica y la doctora se ofreció a darnos un ray, a Claudia a la
estación del metro y a mi, cerca de mi casa. En el auto, después de dejar a
Claudia, la doctora me hablo seriamente.
- Oye David... ¿te gusto lo que hizo Claudia?.
- Pues... si... creo que sí...
- ¿Mucho?
- Si...
- Esta bien, pero tienes que controlar esos nervios, si de pura casualidad los
resultados del laboratorio saliera mal, tendríamos que tomar otra muestra, pero
eso ya lo vas a hacer tú, pues ni Claudia ni yo estudiamos tanto para estarnos
dedicando a hacer pajas. ¿entendido?.
- Si... entendido...
- No te estoy regañando, pues solo tienes 15 y es natural que te haya pasado
eso, solo tennos respeto, digo, ni siquiera le diste las gracias a Claudia.
Era cierto, me había visto muy maleducado en ese sentido, pero en realidad,
era que todos mis sentidos y pensamientos estaban desfasados, un momento después,
baje del auto, me despedí de la doctora dándole las gracias y camine un par
de cuadras hasta mi casa.
No hable mucho durante toda la semana siguiente, la experiencia había sido muy
fuerte para mi, aun que muy placentera. Pero ya para el tercer día, desperté
un poco y le quite importancia hasta el punto que me sentí afortunado por lo
pasado y de repente, hasta quería que la siguiente semana se repitiera lo ocurrido,
pero era muy improbable pues ya tenían todas las muestras y aun que se repitiera,
no podía estar usando a una enfermera profesional para que me estuviera haciendo
pajas. Eso no le gustaba a la doctora.
Volví el día señalado a la hora indicada. Estaba nervioso, sabía que no se iba
a repetir la experiencia, pero tenía nervios de ver a Claudia, y no sabía como
comportarme ni que decirle.
Al entrar, me saludo cordialmente y me dijo que me sentara.
Mire al suelo algo nervioso, Claudia se veía igual de sensual que la semana
pasada, pero leía una revista distraídamente, probablemente quería que pasara
yo rápido para ir a casa. Como el silencio era mortal para mi, intente hacer
algo de conversación, y sobre todo corregir mis modales.
- Oye Claudia...
- ¿si? – me dijo sin voltear a verme.
- Quería pedirte perdón por... bueno, por no darte ni siquiera las gracias por
lo que paso la semana pasada...
- ¿por qué? – puso la revista un lado y me miro sin comprender, pero un momento
después recordó – Ah... lo que paso la semana pasada... No te preocupes, a veces
es parte de mi trabajo cuando ayudo a la doctora. Además, probablemente fue
culpa mía, pues no hubieras estado tan nervioso si yo no me hubiera estado paseando
por ahí en ropa interior.
- De todas maneras, disculpa y muchas gracias.
- No hay de que, no fue ninguna molestia.
Y volvió a su revista. Un par de minutos después se abrió la puerta del consultorio
de la doctora Pineda y salió un hombre como de 35 o 40 años, despidiéndose de
la doctora y con receta en mano. Nos dio las buenas noches a mi y a Claudia
y se marcho. Igual que la semana pasada, la doctora me invito a pasar y Claudia
entro después de nosotros.
Esta vez, Claudia se sentó en lugar de mantenerse de pie junto a la puerta.
- Hola David – saludo la doctora - ¿cómo va el problema?.
- Pues igual que la semana pasada, sigo tomando el suplemento pero no parece
incrementarse el flujo de semen.
- Si, ya te dije, el complemento no es el culpable. Ya llegaron los resultados
de laboratorio – abrió un cajón y saco mi expediente – Son buenas noticias,
estas completamente sano, no hay ninguna enfermedad, ni siquiera una gripa,
el suplemento te ha ayudado a tener buenos niveles de nutrimientos. La muestra
del semen salió bien, tienes una alta concentración de espermas, lo que tranquiliza
porque si hubiera sido agua, tal vez se hubiera tratado de otra cosa.
- Así que, ¿estoy bien?.
- Si, como ya te he dicho varias veces, estoy casi segura de que es pura cuestión
de crecimiento y madures sexual. Sin embargo... sigo estando "casi" segura.
- Bueno... ¿qué otra cosa podría ser?.
- La revisión que te hice la semana pasada en tus genitales fue algo superficial...
si bien parece que el aumento de semen no es por enfermedad, puede ser por un
defecto físico. Así que... bueno, se que te da mucha pena, pero te voy a tener
que examinar otra vez. Ya con los resultados que tenemos, te puedo hacer otro
tipo de prueba, ligeramente diferente a la pasada consulta.
- Hmmm... si, no hay problema, sé que es por mi bien.
Camine detrás del biombo para desnudarme, lleno de gusto pues volvería a sentir
las delicadas manos de la doctora. Como la vez anterior, apareció Claudia un
instante después, solo que no llevaba la bata entre las manos.
Pero la sorpresa fue mayúscula cuando Claudia se comenzó a desvestir en frente
de mi. Otra vez me dio pánico y no me atreví a preguntar, ella tampoco dijo
nada, pero me ayudo a quitarme la camisa y la playera acercando muchos sus pechos
a mi. Se quito el uniforme, y otra vez volví a verla con el mismo conjunto sexy
de la vez anterior. Una vez que yo estuve completamente desnudo y ella en ropa
interior, me tomo del brazo, sonriendo y salimos de la sombra del biombo.
Si el hecho de que Claudia se desnudara me había sorprendido, el ver a la doctora
también en ropa interior al salir del biombo me dejo perplejo.
Podía ver su esbelto y atlético cuerpo, pechos medianos, nalgas chicas, respingadas
y duras, piernas largas y llenitas... Una lencería de 2 piezas con encaje azul
era su única vestimenta, sin medias ni ninguna clase de zapatos. Al segundo
me sentí "indecente" al mirarla, y retire mis ojos de ella. El corazón ya palpitaba
deprisa.
- No, ya puedes irte... a menos que quieras quedarte a ayudarme con el tratamiento.
- Si, doctora, será un placer.
Ambas se arrodillaron erguidas frente a mi, la polla les apuntaba a los pechos.
No se si eran mis nervios, mi pánico, mi excitación o todos juntos, pero las
rodillas me temblaban de un modo tal que parecía que tenía artritis mezclada
con parkinson. Y por supuesto, no me atrevía a mirarlas, pues sus pechos se
me mostraban muy cerca, grandes, y generosos. La doctora me acaricio una rodilla
para tranquilizarme.
- Ponte tranquilo David, este es un examen bastante agradable, ¡ponte feliz!,
debes mirarnos, que para eso nos pusimos en tanga.
- P-p-p-pero... ¿para.. para qué?.
- Mira David, para este examen necesitamos que estés excitado y en estado de
erección. Lo normal es inyectarte un medicamento, pero no quiero hacerlo esta
vez porque podría afectar los resultados. Como nos da flojera traerte revistas
o algo así, nos pareció algo mas fácil quitarnos algo de ropa. ¿quieres que
intentemos con el medicamento?.
- No... así esta bien... – mi respiración era muy agitada para articular las
palabras correctamente.
- Bueno, a continuación te vamos a estimular un poco, este proceso va a tardar
varios minutos, incluso varias horas, ¿quieres hablar a tus padres? ¿Saben dónde
estas?.
- No... ya les avise... puedo llegar tarde – mentí, pues en realidad les había
dicho que había ido con unos amigos a una fiesta. De hecho iba a ir después
de la consulta.
- Bien, otra cosa, como te vamos a estimular, puede que te den muchas ganas
de eyacular, avísanos lo antes posible si esto pasa, pues.. bueno, no queremos
mancharnos.
- Sssiii... esta bien... disculpe por tantas molestias doctora... es por mi
inexperiencia.
- No te preocupes, a mi me agrada... "trabajar" con chicos de tu edad, son un
poco mas difíciles, pero me gustan mas los retos. Tu no te preocupes de nada,
pues no vas a hacer nada, solo avisarnos cuando te entren ganas de eyacular,
¿ok?. Bueno, Claudia, continua.
Claudia se incorporo y se sentó a mi lado cruzando las piernas, con una mano
me movió mi nerviosa cara y me obligo a mirarle los pechos.
- Bonitos ¿no? – me dijo – no tengas miedo, míramelos, que para algo los tengo,
jaja...
Ya con su permiso, comencé a comérmela con la mirada, recorrer cada centímetro
de sus perfectas curvas y su seductor rostro. Un momento después, tomo mi mano
y la poso sobre una de sus rodillas. Se me abrieron los ojos como platos y casi
se me escurría la baba cuando me indujo a acariciársela lentamente, a sentir
ese hermoso tacto de la seda de las medias y, a lo lejos, como si fuera una
imagen, su suave y tersa piel. Mi respiración y excitación rompieron los límites
que me conocía.
- ¿Estas excitado? – pregunto claudia - ¿mucho? ¿Cómo cuanto?. Anda, habla,
no hay problema, quítate esos nervios.
- Estoy terriblemente excitado.. como nunca lo había estado antes en mi vida...
La doctora se levanto, permitiéndome ver su culo parcialmente cubiertos con
el triangulo del tanga, y fue por su estetoscopio en el escritorio. Mientras
seguía acariciando esa preciosura de pierna, ella escucho el estado desbocado
de mis pulmones y la cumbia que tocaba mi corazón, se agacho de nuevo, y escucho
la circulación de mi pene. El frío metal me dio algo de alivio.
- Buena circulación – dijo la doctora para si misma – excitación máxima, taquicardia
sexual, todo bien.
De repente, con tanta excitación, fue inevitable que de mi polla brotara un
hilillo de lubricante transparente, que la doctora atrapo con sus dedos antes
que cayera al suelo. Al mismo tiempo Claudia estiro sus manos a mi polla para
mojarse también con aquel líquido. Atónito, observe como se metían los dedos
a la boca y saboreaban el fluido.
- Hmm... buena consistencia – decía la doctora en su tono profesional – buen
sabor... ¿Claudia?.
- Muy buen sabor, el de un chico sano.
- Aun no estamos seguras, Claudia.
La enfermera separo mi mano y se hinco a un lado de la doctora.
- Te voy a descubrir el glande – me dijo la doc.
En realidad, el glande ya estaba bastante descubierto, aun así, enrollo su mano
en mi polla y tiro para atrás, después hacía adelante para cubrirlo... y otra
vez, hiso varias veces el procedimiento.
Claudia también quería aprender, así que remplazo las manos de la doctora, haciéndome
llegar a la gloría cubriendo y descubriendo mi glande lentamente. Por suerte
no duro mucho, pues estaba a nada de correrme.
- Bueno, David – volvió a hablar la doctora – ahora vamos a empezar con la estimulación
oral, esto va a ser muy fuerte, así que avísame lo antes posible cuando te den
ganas de correrte.
Nada mas al oír "estimulación oral" ya estaba por correrme. Puso su mano izquierda
en la base de mi pene, apretando ligeramente las partes superiores e inferiores
con el índice y pulgar. Con la otra mano dirigió mi polla a su boca, y comenzó
a lamerla completamente. Yo me resistía al 100% para no correrme, pues quería
continuar con tan entretenido tratamiento. La doctora no dejo de mirarme, mas
que para parpadear, directamente a los ojos, dejando que me ahogara en ese azul
profundo.
En cuanto comenzó a chuparme sensualmente la cabeza, no pude resistir mas, le
avise gritando "¡Ya viene! ¡Ya viene!" y cerre los ojos para poder resistir
el poderosísimo orgasmo que llegaba... pero no llego... en su lugar sentí la
presión del pulgar debajo de la polla, y un ligero, no tan intenso, pero placentero
"micro-orgasmo". La polla se me puso un poco flácida, pero la doctora aprovecho
para engullir completamente mi miembro en su humeda y cálida boca, apretando
fuerte los labios movó la cabeza para atrás.
De inmediato, sin mover la mano izquierda, permitió que la pechugona Claudia
continuara con la estimulación. De inmediato engullo mi polla por completo e
igual que la doctora, con una fuerza sorprendente, pero con cierta dulzura,
movía la cabeza hacia atrás restregando sus carnosos labios por toda mi polla.
Abría la boca, sin tocarme, hasta que su nariz casi llegaba a mi pubis, entonces
cerraba con fuerza y cerrando los ojos, se movía hacia atrás.
Moví mis manos, que sostenían mi cuerpo contra la cama, con intención de acariciarlas,
como lo hacían en las películas porno. Pero al notar el movimiento, ambas pararon
la estimulación.
- Escuchame David – me dijo la doctora con tono autoritario – tratamos de ser
profesionales con este tratamiento, se tu también profesional y no te muevas
ni hagas nada a menos de que te lo indiquemos, ¿ok?.
- S... si... disculpe doctora...
En cuanto volví a poner las manos en su lugar, la doctora continuo con la estimulación,
pero ahora distinto, se metía la polla entera en su boca y con rapidez sorprendente,
movía para adelante y para atrás la cabeza sin que sus labios perdieran fuerza.
La sensación era tan increíble que tuve esos "instantes" de placer mas de dos
veces en breves minutos. Pero ya no hacía tantos esfuerzos en contenerme, mientras
avisara sentía que podía seguir así para siempre, los pocos esfuerzos que hacía
en ese sentido, era porque después de cada "instante", se me ponía flácida la
polla por unos segundos, y yo quería tenerla siempre en firmes. La mirada de
mujer fatal que tenía la doctora, con esos hermosos ojos y con la polla en la
boca, eran tan estimulantes como la mamada misma.
Paso de nuevo el turno de la hermosa Claudia, que me excitaba 3 veces mas que
la doctora, sus pechos se veían perfectos desde mi posición y permitían ver
y hasta exagerar a placer el agradable volumen de estos. Claudia no hacía rápidos
movimientos, por lo que era un descanso, pero cerraba los ojos y chupaba con
extremo placer, apretándose los pechos, cuando abría los ojos para mirarme,
sus ojos cafes, con esas gruesas y seductoras cejas, me hacían pasar por un
"instante" casi al mismo tiempo.
Aun que yo duraba en el tratamiento solo por la experiencia manual de la doctora,
me sentía como orgulloso macho e infinitamente afortunado, no podía creer la
fortuna que tenía al recibir tal tratamiento. Ellas se pasaban una y otra vez
mi miembro en sus bocas, y creía que podíamos seguir así toda la vida.
La doctora, muy profesional, ya detectaba cuando estaba a punto de correrme
sin necesidad de que avisara. Y esto ocurría tan seguido, que Claudia tuvo que
remplazarla varias veces. Creí que eso iba a durar toda la noche, o hasta que
me muriera de tantos "instantes", pero la cosa se puso aun mejor.
Después de varias pasadas, ambas mujeres se pusieron de pie y me indicaron que
también me pusiera de pie. Me di cuenta que ambas eran muy limpias, pues solo
mi pito estaba mojado, y no ellas ni el suelo a pesar de la espesa saliva con
la que me envolvían.
- Vamos a tomar un descanso – indico la doctora, y sentándose en su escritorio,
saco un cigarrillo, una libreta y pluma.
Claudia me invito a sentarme en el piso con ella, de frente uno del otro, con
las piernas entrelazadas en el aire. No perdió tiempo en poner sus manos en
posición y en cascarme un paja, se detuvo un momento, para llevar mis manos
a sus glúteos.
- Puedes acariciarme ahí – me dijo - pero solo ahí, ¿eh? Jaja...
- ¿Qué haces Claudia? – pregunto la doctora.
- Practico la técnica de retardación eyaculatoria con el paciente, doctora.
- Bueno... pero practícalo mucho... y bien... aun nos falta en esta sesión.
Por supuesto, ayude a Claudia a que la practicara mucho, al grado que ella ya
también detectaba sin que le avisara, cuándo sentía la leche subir. Pero ya
era tanto el gozo, que tuve que pedir que nos detuviéramos, pues me ardían las
pelotas y sentía que me explotaban. Pero me permitió seguir acariciándola.
- Ok, David – me hablo la doctora escribiendo en su libreta - ¿cómo va el tratamiento?.
- Muy bien doctora – dije con seguridad, los nervios y el pánico habían desaparecido,
solo me sentía algo cansado.
- Muy bien, ¿encuentras placentero el tratamiento?.
- Es muy agradable, sin duda.
- ¿Le gustaría repetirlo posteriormente?.
- Si, muchas veces.
- En general ¿le gusta?.
- Mucho...
- Muy bien...
Dio un par de apuntes finales a la libreta antes de cerrarla y continuar con
otro cigarro. Claudia se entretenía pellizcando mis tetillas.
- ¿Puedo hacerle una pregunta, doctora?
- Si, claro David.
- ¿Le gusta a usted hacer este tratamiento?.
- Si, claro, es mi favorito. Aun que... solo lo practico con chicos de tu edad...
o menores, ya sabes, en cuanto producen semen, ya pueden venir con nosotras.
Quizás debí asustarme ante tal confesión de pedofilia descarada, pero vamos,
no podía ni aun que quisiera. Al fin al cabo, eran bastante dulces y nada violentas
o maliciosas. La doctora termino su cigarro.
- ¿Te gustan las nalgas de Claudia? – pregunto.
- Si, muchísimo – conteste mirando a Claudia a los ojos, ella me devolvió la
mirada y una sonrisa.
- ¿Prefieres que ella te haga el tratamiento en lugar de mi?.
Eso me preocupo. ¿Celos?.
- No tengas miedo en contestar – me tranquilizo – solo sé honesto, es por tu
salud.
- Prefiero que las dos lo continúen, sinceramente.
- Jajaja... bueno, pero acéptalo, Claudia te excita mas que yo. Anda dilo.
Lo dije entre risas, ya todo era muy locuaz para continuar con la farsa.
- Muy bien, ahora dime ¿quién da el mejor tratamiento oral de las dos?.
- Usted gana por mucho, doctora.
- Jaja... ya lo sé, también hago... algunas otras cosas mejor que Claudia.
- Entonces – interrumpió Claudia – si yo te gusto tanto te va a encantar la
siguiente parte del tratamiento.
Nos pusimos de pie, y Claudia se inclino haciendo escuadra, apoyándose con la
cama, levantando y contoneando el culo, invitándome a penetrarla. La doctora
me agarro por atrás la verga, para evitar accidentes.
- ¿Voy a penetrarla? – pregunté, esperando con ansiedad la afirmativa.
- Mira David – me volteó la doctora para mirarme a los ojos – Si Claudia permite
que la toques fuera del tratamiento, es muy su bronca, pero no somos prostitutas,
¿Entiendes? si quieres sexo, busca una novia o a una puta, nosotras solo vamos
a estimularte para fines médicos, si quieres que te chupen el pito, ve y pága
por eso, nosotras no hacemos esas cosas, somos gente decente y educada. Esto
es un consultorio médico David, no un cabaret.
- Disculpe doctora – dije muy avergonzado – es solo que no sé que hacer.
- Yo te indico, no te preocupes, ya te dije que tu no tienes que hacer nada
hasta que te lo indiquemos.
- ¡Oh! – exclamo Claudia poniéndose de pie – espere doctora.
Fue a una gaveta y saco una botella con líquido transparente. Se quito sin pudor
el minúsculo tanga, y me mostró su coño depilado, que se veía terriblemente
sensual con las ligas que sostenían las medias. Se aplico el gel transparente
en las nalgas, y me lo unto también, aprovechando para darme un par de minutos
de paja.
Se volvió a poner en posición en cuanto termino.
- Mira David – me explico la doctora, acercándome a Claudia y poniendo mi verga
entre los cachetes de esta – Vamos a hacer un poquito de estimulación posterior,
a ver si lo encuentras placentero. Tu no la puedes tocar, ya sabes, hay que
ser profesional.
- ¿Dónde pongo las manos entonces?
- Hmmm... mira ponlas aquí – tomo mis manos y las puso sobre sus propio culo
– si sientes que te vas a correr, las acaricias y las aprietas fuertemente,
mientras tanto no.
Empezó otra sesión de ricura absoluta. Estaba furiosamente excitado cuando empezamos,
deslizando lentamente mi miembro. Claudia apretaba los cluteos contra mi, y
los deslizaba a mi largo, cubriendo mi polla en su totalidad con tan suculenta
piel.
La doctora vigilaba mi eyaculación con una mano y con la otra mantenía en su
curso mi miembro en su deliciosa trayectoria.
El placer fue mayor que las mamadas, pues me imaginaba que me follaba a Claudia,
y que me la follaba por el culo, además que su carne se sentían casi también
como sus labios, y lo que añadía el extra, es que los "instantes" se multiplicaban
pues me daban autorización de apretar fuertemente el duro culo de la doctora.
Fue otra experiencia bestial, no paraba de gemir como becerrito y de tener "instantes"
a cada rato, todo era demasiado bueno para creérmela o para no aprovechar el
momento "dizque corriéndome" a cada momento y segundo, sin importar que cada
vez, me debilitaba mas y mas. Pero bueno, tenía 15 años.
Después de quien sabe cuanto tiempo, Claudia se incorporo, y sin perder un segundo
en arrodillarse, me volvió a chupar la polla, esta vez con los ojos bien abiertos,
con esa mirada orgasmica y en posición de escuadra para que viera muy bien lo
que acababa de acariciar. Yo creía que me iba a desmayar en cualquier momento.
Mientras tanto, la doctora se quito su pantaleta, mostrándome su velludo chocho,
y se unto también el gel lubricante en sus nalgas, ya venía su turno.
Hicimos la misma posición anterior, solo que enfermera y doctora intercambiaron
lugares. A pesar de que el culo de la doctora no era tan voluminoso, fue aun
mejor, pues ella gemía como gatita