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La apuesta
Sado
Cuando
perdio la apuesta, nunca penso lo que le harian sus amigas y ahora busca la
forma de salir del problema.
A sus 28 años Cristina es una de esas mujeres que cortan el aliento. Con una
altura de 1,70 mts, sus 58 kg de peso se encuentar repartidos como se debe.
No es una de esas escuálidas hembras que se ven en las pasarelas de moda. Unos
pechos llenos, un culo de hermosas formas y carne por todos lados, pero firme
debido a 3 horas de gimnasia a la semana. Unas piernas interminables coronadas
por unos muslos perfectamente torneados, que son su mayor orgullo. Pero ahora
son su mayor problema. Es que ahora ella está sobre una mesa, balanceandose
sobre sus rodillas, bien separadas entre si unos 50 cm. Una cadena va desde
unos circulos de acero en cada una de sus rodillas hasta las patas de la mesa,
impidiendole cerrar las piernas. Si quisiera podría separarlas aún más, pero
no le conviene. Su único otro punto de apoyo es el lado derecho de su cara.
Sus manos están juntas justo donde la espalda pierde su buen nombre.
Sus tobillos están juntos y cruzados, encadenados entre sí. Un grueso cinturón
de cuero le marca aún más una ya estrecha cintura. Los talones de los pies están
contra los cachetes del espléndido culo, debido a una corta cadena que va desde
la cadena de los tobillos hasta una argolla en el cinturón. Le gustaría estirar
un poco los brazos, pero no puede. Las esposas pasan por la misma argolla en
la que está fijada la cadena de los pies. De los circulos de acero en las rodillas
van unas cadenas hasta un collar de cuero.
De la parte de atrás del cinturón sale una tira de cuero que pasa por entre
las perciosas, carnosas pero firmes nalgas, entre los labios mayores y termina
en la parte de delante del cinturón. Esta tira sujeta en su lugar un tapón anal
y un vibrador.
El cuerpo de Cristina parece un trípode, el torso está a unos 45 grados de inclinación
con respecto a la mesa, las tetas rozando apenas la superficie de la misma,
el culo bien levantado. Una cadena que va desde el collar hasta la parte de
adelante de la mesa le impide incorporarse, y si quisiera estirarse, las cadenas
entre sus rodillas y el collar le impedirían acostarse boca abajo. Solo podría
estirarse un poco, hasta apollar las tetas en la mesa. Pero entonces se tensionaría
la cadenita que va desde el collar hasta la parte posterior de la mesa, y es
lo último que quiere hacer Cristina.
Los tirones en el cuello le dicen que ya es hora de cambiar de posición. Despacito,
pero muy despacito, se apoya primero en la transpirada frente y luego en el
lado izquierdo de la cara. Suspira aliviada, porque no fué como la vez anterior
en que casi se resbala y estuvo a un paso del desastre. Las rodillas ya no le
duelen, están dormidas después de mantener la posición tantas horas, pero las
piernas se le están por acalambrar. Sabe que tiene que relajarse, pero con lo
que le duele el culo por el gigantesco tapón y la mandíbula por la enorme bola
de goma, le resulta difícil. Para colmo la bola la hace babear, y la saliva
después le dificulta apoyar la cara sin que se le resbale. Asique repasa como
llegó a esta situación, para distraerse.
Un miercoles a la noche estaba reunida con sus amigas, como siempre, en la casa
de Sofía. Se conocían hace ya varios años, y salvo que gustaban de hacerse bromas
más o menos pesadas, eran 4 amigas normales.
- Que les parece si jugamos un strip Poker - dijo Analía, una rubia un tanto
regordeta pero muy atractiva
- Y donde está la gracia?, si somos todas mujeres - , le contestó María
- En que la que queda en bolas (ella siempre usa esa expresión para decir quedar
desnuda), se tiene que masturbar con esto - agregó Analía, y a continuación
saco un consolador con forma de pija.
Ninguna de las cuatro era demasiado pacata, y aunque en realidad ninguna deseaba
demasiado terminar con ese pedazo de plástico en la concha, la oportunidad de
ver a alguna de las otras en esa situación bien valía la pena el riesgo. Asique
limpiaron la mesita redonda, buscaron las cartas y a jugar.
Al par de horas ya estaban todas en ropa interior y medias. María (que tenía
los pechos más grandes de todas) ya había perdido el corpiño y cada vez que
largaba una carta las tetas le rebotaban de arriba abajo. A la que peor le había
ido era a Carolina, ya había perdido una medias y sólo le quedaba la otra y
la bombacha.
- Estaría bueno que alguien golpeara la puerta -, decía Sofía, - yo me tendría
qee poner una bata para atender y ustedes tendrían que meterse así como están
desnuditas en el dormitorio-.
Pero Carolina no le prestó mucha atención porque después de todas malas le había
tocado una mano buena, poker de reyes.
El problema era que María y Sofía habían abandonado en esa mano y ella estaba
jugando contra Analía, que era la mas vestida. Carolina sólo podía apostar dos
prendas (su bombacha y la media) y con eso no ganaba casi nada, a lo suma que
Analía se sacase la camisa y una media. Si no aprovechaba esta mano seguro que
terminaba con la pija de plástico en la concha, por como iba la cosa. Empezó
a sentir como una opresión en la garganta.
Y no era la emoción por la buena mano de cartas, era que se estaba quedando
dormida y se estaba resbalando, y las cadenas entre sus rodillas y su cuello
y la cadenita entre el collar y la mesa se estaban tensando.
Cuando se dió cuenta comenzó a tensar los músculos, pero después de casi 5 hs
en esa posición estaba casi agarrotada y apenas logró volver a asumir la posición,
(con las tetas rozando la mesa y el culo bien levantado), que le permitía aflojar
las benditas cadenas. Y es que la cadenita en realidad constaba de dos tramos,
unidos entre sí por medio de una cajita, en la que habían metido el control
remoto de la alarma. Si tiraba mucho de la cadenita, la cajita se abría, y quedaba
al descubierto el control remoto, el que mediante una cinta adhesiva en uno
de sus botones, estaba fijado para activar la alarma. Adentro de la caja el
haz infrarrojo no era capaz de activar el sensor, pero afuera seguro que sí.
Sólo imaginar que al sonar la alarma los vecinos la encontraran así, encadenada,
con las piernas bien abiertas y con la concha y el ano bien expuestos a quien
quisiera ver, le revolvían el estómago.
Alcanzaba a ver el reloj de pared, las 8:30 de la tarde. Tenía que soltarse
antes de las 9:00!!!!!!!. Hasta ahora había probado de manera meticulosa, haciéndo
fuerza primero con los brazos sobre las esposas, o los pies sobre las cadenas,
o tratando de meter panza y sacarse el cinturón. Pero ahora la desesperación
la hizo agitarse en forma espasmódica, haciendo fuerza con los muslos contra
las cadenas que ,atadas a la pata de la mesa, la hacían abrirse de piernas,
y con los brazos contra las esposas que retenían sus brazos a sus espaldas.
Pero sólo consigió resbalar las rodillas sobre la mesa húmeda por su transpiración,
abriéndose aún más de piernas. El dolor por los tirones en la ingle se hizo
insoportable, y solo pudo asumir una posición segura tensando todos los músculos
de la cadera, con lo cual el esfínter anal se apretó contra el gigantesco tapón
anal que la invadía, y la hizo gritar de dolor, que apenas se sintió debido
al la bola de goma que tenía en la boca.
Trató de sacarsela empujando con la lengua, pero la banda de cuero con la hebilla
en la nuca se lo impidió. Cuando pasaron las puntadas trató de alcanzar el tapón
anal para sacarselo ,pero las esposas y la banda de cuero sólo le perimiitieron
retirarlo un par de centímetros, con lo cual la parte más ancha estuvo en su
esfinter y sólo le provocó más dolor. Quizás si la cadena de las esposas fuese
más larga hubiera sido diferente la historia. Pero por ahora tenía ese tapón
en el culo y ahí iba a quedarse. Aunque no estuviera la tira igual todo se quedaba
en su lugar. Lo comprobó mientras sus amigas la ataban, primero le metieron
el tapón y el vibrador y al rato la tira. Pero la posición, con el ano y la
concha bien abiertas, si, pero con el culo hacia arriba, hacía que no se salieran
solos. Y por las esposas no los podía sujetar bien como para retirarlos.
Si bien por orgullo hasta ahora no había querido hacer pis, la última vez que
había ido al baño, ( justo después que sus amigas le habían ordenado que se
desnudara y la habían esposado con las manos a las espaldas), había sido hace
muchas horas. Ya no aguantaba más y aunque ella realmente no quería su cuerpo
fue mas fuerte y se orinó. Aunque tenía las piernas bien abiertas, y arqueó
la espalda (con eso logró que la tira de cero entre las nalgas le metiera más
adentro el tapón y el consolador), el chorro de orina al chocar con la tira
de cuero entre la vulva se pulverizó y le mojó todas las piernas. Suerte que
la parte de la mesa donde tenía la cara estaba más alta y no le llegó la orina.
Gritó por la frustración, pero sólo logró babearse aún más y hacer más resbalosa
la mesa.
Eran las 8:45. Carolina sabía que a las 9 el temporizador pondría en funcionamiento
el vibrador que tenía metido en la concha por unos 45 minutos. Ya sabía por
experiencia previa que los primeros 15 minutos ni fu ni fa, pero después empezaba
a mojarse y aunque ella no quisiera a eso de los 30 minutos le llegaba el primer
orgasmo. La primera vez la agarró por sorpresa, no pensaba que pudiera tener
un orgasmo en esas condiciones. El problema es que ella era multiorgasmica,
y el segundo y el tercero (hasta eso llegaba en los últimos 15 minutos del vibrador)
eran bastante violentos. No sólo los orgasmos le provocaban dolor en el ano
por el tapón, sino que los espasmos la hacían resbalarse con el peligro de activar
la alarma.
Y esta vez sabía que iba a ser peor. Al forcejear para tratar de soltarse, los
pechos le rozaban la mesa, y el roce sobre los pezones la habían hecho excitarse
y mojarse de sobremanera. Sentía como los jugos le corían por el estomago. Es
que al tener el culo levantado, los jugos no iban como siempre por los muslos,
sino por la panza. Sabía que esta vez el primer orgasmo llegaría antes de los
30 minutos, y habría tiempo para más de tres.
- Sigamos pensando -, se dijo a si misma Carolina, para tratar de relajarse
y perder la exitación.
- Estaba en la opresión en la garganta -, pensaba Carolina, recordando como
empezó todo. Ahí decidió jugarse. Tenía poker de reyes, asique se sentía segura.
- Hagamos esto -, le dijo a Analía, -si yo pierdo, pierdo la bombacha, la media,
y por lo tanto me masturbo con el consolador y además, siempre que no intervengan
más personas, por una tarde yo haré lo que me digan, pero si gano, vos te sacás
toda la ropa y terminás vos con el consolador -
Analía lo pensó un buen rato. Tenía 3 ases, y podía pedir cartas una vez. Si
Caolina proponía eso debía tener una buena mano. Por otro lado, la idea de ver
a una de sus amigas con el consolador la exitaba, aunque ella no era lesbiana.
Y particularmente si era Carolina, con ese cuerpo espectacular aún para el ojo
de una mujer. Además tenía que vengarse de la última broma de Carolina, que
había sido de lo más pesada. Aparte, que era lo peor que podía pasar si perdía?.
Sabía que eso de jugar con un consolador la exitaba, porque lo había hecho alguna
vez ,la primera borracha, con su novio y le había gustado. Presentía que podía
llegar a disfrutarlo. Y sus amigas de todas maneras ya sabían del tema, porque
les había contado de aquella primera vez. Asique aceptó, y cuando pidió cartas
y le tocaron dos ases, la sonrisa que se le dibujo en la cara hicieron palidecer
a Carolina.
Carolina se sacó la media que le quedaba, la bombacha, y sin decir palabra,
tomó el consolador y el tubo de lubricante que le dieron y se fue al dormitorio.
Se acostó, boca arriba, y dobló y separó bien las piernas. Después se puso gel
en un dedo y se lubricó bien la concha. Acercó la glande del consolador a su
cuerpo y empezó a hacer fuerza. Aunque estaba seca, el consolador penetró enseguida
por el gel. Recién después de 30 minutos de dale y dale le permitieron parar.
Para Carolina fue tal vergüenza que no disfrutó nada. Se puso tan roja, que
a la mañana siguiente sus compañeros de trabajo le preguntaros si se sentía
bien porque todavía le duraba el rubor.
María propuso que le pidieran que además se lo metiera en el culo, pero las
demás no aceptaron porque el acuerdo era que Carolina iba a hacer lo que ellas
quisieran sólo una tarde, y querían preparar el asunto bien.
Por la verqüenza, no vió a sus amigas como por 2 semanas, pero después comenzó
a frecuentarlas otra vez, aunque no se atrevió a preguntar por el tema. Hasta
que una tarde, unos 3 meses después ( o sea hoy después del mediodía), se estaba
levantando de una siestita a eso de las 2 de la tarde cuando siente que golpean
la puerta. Cuando vió que eran Analía, María y Sofía supo que esta tarde iba
a tener que pagar la apuesta que había perdido.
- Hoy es el cumpleños de tu marido ? - le preguntó Sofía. Cuando respondió afirmativamente,
María le preguntó - y vuelve de su viaje de negocios como siempre a eso de las
10 de la noche? - .
Carolina le dijo que sí, y entonces María le contestó, - Pues bien, va a recibir
el regalo de su vida. Primero sacate toda la ropita, y después date vuelta con
las manos en la espalda -.
Carolina hizo lo que le ordenaron, y sintíó como le colocaban un par de esposas.
Despúes le hicieron abrir la boca y le metieron una bola de goma roja, sujeta
por una tira de cuero que abrocharon con una hebilla atrás de su nuca.
A continuación le aconsejaron ir al baño, consejo que Carolina aprovechó de
buen grado. Tenía la intención de, una vez adentro, tratar de aflojar algo la
mordaza para eventualmente poder sacarsela, pero aunque se retorció todo lo
que pudo, con las manos esposadas detrás de la espalda no pudo hacer nada. Asique
fue al baño y después salió.
Cuando volvió con sus amigas, estas le ordenaron arrodillarse, con las piernas
bien separadas. Por la habitación corría una leve brisa, que se le metía en
la vagina debido a que la posición hacía que tuviera los labios de la concha
bien separados. En esa posición vió como limpiaban el escritorio de Hector (su
marido), hasta dejarlo vacío. También observó como ataron dos cadenas, una a
cada una de las patas traseras de la mesa. El asunto no le gustó nada, y empezó
a protestar, pero de su boca sólo salieron una serie de mmHmms que sólo consiguieron
hacer reír a sus amigas y que la saliva, que se le estaba amontonando en la
boca porque la bola no le permiitía tragar, le corriera por el mentón primero
y por las tetas después. Se sintío tan humillada que se quedó callada.
Entre las tres amigas la ayudaron a subir a la mesa, y la pusieron boca abajo
y con las piernas bien abiertas. Sintió como le pasaron unos anillos de acero
por los pies hasta las rodillas, y después como les engancharon las cadenas
que iban hasta las patas de la mesas y que la obligaban a estar abierta de piernas,
con las rodillas bien separadas exponiendo la concha y el culo a quien quisiera
ver. A continuación le pusieron un collar de cuero con varias argollas y sujeto
por un candadito. Le soltaron una de las manos, para pasar la esposa por una
argolla en el cinturón y volvieron a esposarla. De esta manera las manos le
quedaban justo donde empieza el culo, y no podia moverlas ni para arriba ni
para abajo. Después entre las tres le levantaron el torso, y mientras estaba
con las tetas colgando (Sofía aprovechó para pelliscarle el pezón derecho),
Analía le puso las cadenas que iban desde el collar hasta los anillos de acero
en las rodillas. Cuando la bajaron Carolina trató de deslizarse hasta acostarse
boca abajo sobre la mesa, pero las cadenas entre el collar y las piernas se
tensaron y quedó en posición de tripode, apollada sobre su frente, las rodillas
y las canillas@, con el culo bien levantado y las tetas apoyadas sobre la mesa.
El estómago a unos 15 cm de la mesa, la concha y el ano bien abiertos y expuestos.
Por último colocaron la cadena que iba de la parte delantera de la mesa hasta
su collar, para evitar que alivie la posición deslizandose hacia atrás.
- A vos no sé, pero a nosotras esto nos va a encantar -, dijo Analía, mientras
le metía un vibrador en la concha. Despúes llamó a sus otras amigas y les dijo,
- vengan a ver lo que tengo acá, en el bolso -.
Mientras la dejaron sola Carolina sacudió el culo arriba y abajo, y hacia los
lados, para tratar de sacarse el vibrador, pero como por la posición, para salirse
éste debía deslizar hacia arriba, se quedó donde estaba. Asique cuando sus amigas
volvieron, Carolina estaba todavía culo arriba con el vibrador en la concha,
pero con las muñecas doloridas por las esposas.
- Mirá de lo que vas a disfrutar ahora -, le dijo Analía. Carolina abrió bien
los ojos y empezó a retorcerse y a tratar de soltarse, pero sólo consiguió clavarse
las esposas en las muñecas y babearse toda. Gotitas de transpiración le corrían
por la frente y los muslos. Tiraba con fuerza de las cadenas de las piernas,
marcando los musculos de los muslos y haciendo más atractivas unas ya preciosas
piernas. Las tetas le rebotaban contra la mesa y dejaban improntas de transpiración
sobre la superficie de madera de la misma.
- Calmate - , le dijo María mientras le dió un palmazo en el culo que se lo
dejó rojo por un buen rato.
Lo que le habían mostrado era un tapón anal, de unos 8 cm de longitud, y unos
4 cm en su parte más ancha. En su parte más angosta debía medir unos 2 cm. Carolina
nunca había visto uno, y ni sabía qe existían. Pero cuando lo vió enseguida
supo de que se trataba. Se dio cuenta de que una vez que se lo metieran, (si
es que entraba) una vez que la parte más ancha hubiera pasado el esfinter, este
se cerraría ( o trataría de cerrarse) alrededor de la parte más angosta, y no
habría manera de sacarlo salvo ayudando con la mano.
Analía sacó un guante de goma y un tubo de gel lubricante y despacito, acariciándola
apenas, le lubricó el ano, metiéndole inclusive un dedo en el culo. - Es que
somos tus amigas y no queremos que te duela más de lo necesario - dijo entre
las risitas de las tres.
Después le acercó la punta del tapón al ano y empezó a empujar. Carolina instintivamente
se tiró todo lo que pudo hacia delante, hasta que el collar se le clavó en el
cuello y los anillos de acero en las piernas. Pero las cadenas hicieron su trabajo
y mantuvieron las piernas de carolina bien abiertas, y el culo bien para arriba,
sin poder cambiar la posición de tripode.
- En el sex-shop nos dijeron que esto entra en un culo virgen como el tuyo sin
romper nada - le decían sus amigas entre risitas.
Entre el gel, la fuerza de Analía y que la posición le hacía tener el ano medio
abierto, poco a poco el tapón la fue invadiendo. Carolina sentía como se le
iba distendiendo el esfinter anal, milímetro a milimetro, puntada a puntada.
Después de unos segundos (pero horas para Carolina), pasó la parte más ancha
y repentinamente y con la ayuda de sus propios músculos, el resto del tapón
se deslizó dentro de ella. Sólo quedó afuera el extremo posterior, un disco
de unos 6 cm de diámetro diseñado para evitar que la penetrase la totalidad
del tapón.
Carlina quería retorcerse y romper las cadenas y gritar que la soltasen, pero
el dolor en el culo la mantuvo inmóvil atreviendose apenas a respirar.
Escuchó unos preparativos que hacían sus amigas, sin entenderlos. Unos 5 mintos
después, su cuerpo se acostumbró un poco a ese objeto extraño dentro de ella
y se resignó a que tanto el tapón en el culo como el vibrador en la concha se
iban a quedar ahí hasta que alguien se los sacara. La posición en que la habían
encadenado hacía imposible que se deslizaran fuera de ella por si mismos.
Pero por las dudas, al volver sus amigas le colocaron una tira de cuero de unos
2 cm de ancho, bien apretada, que pasando por entre los labios mayores y la
raya del culo, estaba sujetada al frente y a la parte de atrás del cinto, y
mantenía firmemente el tapón y el vibrador en su lugar
Sintió como le encadenaban entre sí los tobillos, cruzados, y le doblaban las
rodillas hasta que sólo éstas tocaban la mesa, y los talones le tocaban el culo.
Despúes una cadena hasta el cinturón de cuero mantuvo sus piernas dobladas en
esa incómoda posición.
A continuación, sus amigas trajeron dos cadenitas unidas entre sí por una caja
de pequeño tamaño. Uno de los extremos lo fijaron a la parte trasera de la mesa,
y el otro al collar en el cuello de Carolina, la cual era sostenida por María
y Sofía de manera tal que las cadenas entre sus rodillas y cuello quedasen flojas,
llevandole los hombros más cerca de las rodillas. Entonces, el culo le quedaba
más levantado, y las tetas ya no se le apoyaban sobre la mesa, apenas la rozaba
con los pezones.
- Deslizate para adelante -, le ordenó María. Carolina obedeció, pero antes
de que las cadenas entre sus rodillas se tensaran, la alarma de la casa comenzó
a sonar, puesto que la cadenita se tensó y la cajita se abrió.
Sus amigas apagaron la alarma antes de que llamase la atención de los vecinos,
volvieron a acomodar el control remoto en la cajita, le explicaron que la longitud
de la cadenita era tal que antes que se tensaran las cadenas entre sus rodillas
y el collar se abriría la cajita y sonaría la alarma, la volvieron a acomodar
y le dijeron (entre risitas):
- Nosotras ahora nos tenemos que ir porque estamos ocupadas, si podemos venimos
antes de las diez (más risitas). De todas maneras a esa hora llega tu maridito
y seguro que le encanta soltarte. Y si por alguna razón necesitás soltarte antes,
estirate, activá la alarma, y seguro que tus vecinos te ayudan con mucho gusto
(francas carcajadas, ahora). Para que te entretengas cada dos horas se va a
encender el vibrador. Chau -
Cristina alcanzaba a divisar un reloj que marcaban las 4 de la tarde .Al principio
se quedó quieta confiando en que al rato sus amigas vendrían a soltarla, pero
a medida que pasaban los minutos se fue convenciendo que realmente sus amigas
pensaban dejarla en esa situación, para que fuese Hector el que la encontrase.
Cuando llegaron las 5 de la tarde, se encontraba furiosa y el temporizador se
activó y el vibrador comenzó a funcionar. El mismo le hacía cosquillas más que
nada, algo incómodas pero nada más. Dentro de la incomodidad general (las esposas
se le clavaban en las muñecas, el cinturón le apretaba, las piernas se le agarrotaban
por la posición y debía mantener en general todos los músculos tensos para evitar
resbalarse y con ello abrir la cajita), el vibrador era lo de menos. Comenzó
a probar soltarse, viendo si podía soltar una mano, pero al hacer fuerza sobre
el cinturón solo consiguió que la cinta de cuero entre los cachetes del culo
se tensara más y le metiera el vibrador y el tapón más adentro. Probó a ver
si podía soltar un tobillo, pero hizo fuerza con las piernas y solo consiguió
deslizarse un poquito hacia delante. Con gran esfuerzo volvió a la posición
original, dejando por lo tanto suelta la cadenita con la cajita, y trató de
incorporarse, pero la cadena que iba desde el collar hasta la parte de delante
de la mesa se lo impidió.
Miró el reloj y eran eso de las 5:15. Con sorpresa notó que empezaba a sentir
una sensación de calor entre las piernas. Con disgusto se dio cuenta que su
cuerpo estaba comenzando a responder, en contra de su voluntad, al vibrador.
Unos 15 minutos después ya estaba toda mojada y los jugos le llegaban al ombligo.
Trató de contenerse pero el reflejo fue más fuerte y tuvo un orgasmo como hace
tiempo no tenía. Cristina lloró con amargura, sintiéndose avergonzada de si
mismo debido a haber sentido placer encontrándose en una situación tan indigna.
Con más sorpresa aún notó que su cuerpo comenzaba a responder una vez más. Comenzó
a retorcerse desesperada tratando de soltarse de sus ataduras, hasta que le
llegó un poderoso orgasmo. AAAAAAAhhhh, AAAAhhhh suspiraba Carolina detrás de
la mordaza, mientras espasmos de placer recorrían su cuerpo. Su espalda estaba
adornada de gotitas de transpiración, su culo tambíen cubierto de transpiración,
los labios mayores y menores cubiertos por sus jugos. Pero las gotitas se juntaban
en gotas más grandes que corrían primero por entre los cachetes del culo (por
debajo de la tira de cuero), por los muslos hasta las rodillas. Y cada suspiro
expulsaba la baba que se le juntaba en la boca debido a la imposibilidad de
tragar, y con tanta lubricación comenzó a resbalarse, a irse hacia delante.
Frenética trató de evitarlo, tensionándose, marcando todos sus músculos, poniendo
en evidencia aún más su característica de magnífica hembra. Primero consiguió
no deslizarse más y estaba recuperándo la posición cuando sintió los espasmos
del tercer orgasmo. Con cada espasmo la cadenita se tensaba un poco más. Imaginó
la alarma activada, y unos minutos después alguien entrando en la casa, un policia
desconocido con suerte, o peor,un vecino . Sabía que la magnitud de su humillación
solo sería comparable al espectaculo que proporcionaría. Porque aunque el que
entrase fuese un hombre de bien, que lamentase su situación, era conciente que
el primer sentimiento sería de placer. Es que no había otra reacción al ver
a una mujer completamente desnuda, con las piernas bien abiertas, con su ano
y su femeneidad groseramente visibles, debido a la posición que las cadenas
la obligaban a adoptar, arrodillada, con el culo bien parado y la cabeza apoyada
sobre la mesa, sus llenas, firmes, magnificas tetas colgando, las manos encadenadas
a la espalda.
Tomó real conciencia de la humillación a la que iba a estar expuesta, la espera
de minutos quizás, pero que serían horas para ella, mientras encontraban una
manera de soltarla, de desencadenarla, de sacarle los objetos que la invadían
y la humillaban. Se dio cuenta que no había manera de no tener que permanecer
algun tiempo en esa indigna posición con extraños en la habitación. Si tenía
suerte alguien se daría cuenta de cubrirla primero y si no tendría que sufrir
las miradas de sus rescatadores, cada una de las cuales le dolería como una
puñalada.
Con un esfuerzo sobrehumano, desgarrando casi sus músculos abdominales, consiguió
adoptar nuevamente la posición de tripode, con los pezones tocando apenas la
mesa, la posición que hacía que la cadenita con la caja no estuviera tensa.
Simultaneamente el temporizador apagó el vibrador.
Lagrimas de amargura llenaron sus mejillas, al pensar que se sentía contenta
de haber podido adoptar una posición (con las piernas bien separadas, sobre
sus rodillas y su cara, con el culo bien abierto), que ni en sus peores pesadillas
s pensó que tendría que soportar.
La sensación de hormigueo en su vagina la hizo abandonar sus pensamientos. Ya
eran las 9 de la noche y el vibrador empezó a funcionar.
Carolina suspiró, con infinito cuidado cambió el apoyo del lado derecho al lado
izquierdo de la cara, y trató de relajarse. Tenía que evitar tener otro orgasmo.
Pero estaba tan excitada. Es que el roce de los pezones sobre la mesa y la irritación
del tapón y el vibrador en su culo y vagina eran más fuertes que su voluntad.
De alguna manera aguantó unos 15 minutos, pero a partir de entonces su concha
empezó a ponerse mas y mas mojada. Los jugos enseguida le llegaron al ombligo
y de ahí goteaban a la mesa. A pesar de tenerlas ya muy abiertas, separó un
poco las rodillas, buscando una zona más seca de la mesa. Se tiró lo más que
pudo hacia atrás, tratando de levantar lo más posible el culo, buscando una
posición mas estable. Además de esa manera se le abría un poco más la concha
y sentía un poco menos el vibrador. Escupió lo más que pudo la saliva que le
llenaba la boca lo máa lejos posible haciia la derecha y se cambió hacia la
izquierda. Y entonces llegó el primero. Un orgasmo pleno, violento, que la hizo
agitarse y estremecerse y gemir detrás de la bola de goma en su boca. No podía
creer que tuviese en esa situación degradante un orgasmo tan bueno como pocas
veces conseguía teniendo sexo con su marido. La baba en su cara se juntó con
sus lagrimas, de rabia, de frustración, de vergüenza. Y llegó el segundo, por
suerte menos intenso, debido a que el dolor en la ingle, por las piernas tan
abiertas, lo suavizó un poco. A desgano, las juntó un poco, porque sabía que
si no lo hacía, corría riesgo de acalambrarse, y de activar la alarma.
Un poco más cómoda, sintió que que comenzaba a tener otro orgasmo. Llegó el
tercero de esa hora ( y el noveno del día, 3 a las 5 , 3 a las 7). Otro orgasmo
pleno, su ano se contraía contra el tapón, su vagina apretaba el vibrador, jadeaba
con fuerza, escupiendo y atragantándose con la saliva, bañando la mesa y su
cuerpo con transpiración. Los espasmos de sus brazos y piernas tensaban y aflojaban
rítmicamentee las cadenas, las que tintineaban al compás de sus gemidos ahogados
por la mordaza.
De alguna manera evitó estirarse, tensar la cadena que abriría la cajita y activaría
la alarma.
Pero cada orgasmo la dejaba más laxa, menos fuerte para mantener la posición.
Además la mesa está empapada con sudor, lagrimas, saliva y jugos vaginales,
resbalosa como si estuviese engrasada.
Ya son las 9:35, pero 10 minutos son suficientes para que el vibrador le produzca
otro orgasmo a Carolina.
Lo demoró lástimandose las muñecas a propósito con las esposas, tensando los
muslos para lastimarse los tobillos, apretando el ano contra el tapón para senir
dolor, dislocando la mandíbula contra la bola de goma. Y el orgasmo llegó, pero
débil por el dolor, aunque de todas maneras la dejó al borde del desastre, con
las rodillas muy separadas, demasiado, y la cajiita al borde de abrirse. Lo
sabía porque esa primera vez en que sus amigas la hicieron estirarse, para probar
si la cajita se abría, sintió que en el momento justo de abrirse la cajita,
sus tetas apoyaron plenas contra la mesa, y ahora sus pezones estaban plenamente
apoyados sobre la mesa, no rozandola apenas como cuando estaba la cadenita suelta.
Se quedó quieta largo rato, sin respirar apenas, para no moverse, esperando
que la calefacción de la casa secase un poco la mesa, para acomodarse un poco
mejor, esperando a Hector.
Ya no tiene esperanzas de soltarse. Sabe que sus única alternativa es que alguien
la encuentre en esa humillante posición. Sabe que sus amigas la han dejado sola,
para que sea Hector el que la encuentre o para que en su desesperación, active
la alarma y la encuentren sus vecinos. Que la encuentre Hector no le preocupa,
ya en alguna noche de pasíon, ha exibido en forma despejuciada sus órganos sexuales
frente a él, para volverlo loco, pero la aterra que un conocido la vea en esa
situacíón, no sólo obscenamente abierta de piernas, sino penetrada en ano, boca
y vagina. Y la vergüenza de soportar que la examinen, como sin duda tendrán
que hacer para descubrir como soltarla. Y el contacto de manos extrañas, soltando
sus ataduras, si , pero también tocando zonas intimas que sólo han sentido el
contacto hasta ahora de unos pocos amantes. Seguro que primero le sacan las
esposas que es lo más fácil y expuesto a la vista, mientras las cadenas la obligan
a estar culo arriba y cabeza abajo, con las piernas abiertas y las tetas colgando.
Después quizás la liberen del collar, con lo que va a poder incorporarse, pero
seguirá exponiendo su vagina debido a las rodillas bien separadas. Alguien le
quitará el tapón y el vibrador, o le permitirán quedarse con algo de autorrespeto,
permitiéndole quitárselos a ella?.
Carolina aparta esas ideas de su cabeza. Ya falta poco, sólo unos minutos, la
inminencia del arribo de Hector le da fuerzas, se sabe perfectamente capaz de
resistir unos minutos más los objetos que la invaden, la posición que la degrada,
los músculos agarrotados.
Son las 9:55. Carolina escucha con atención todos los ruidos, esperando escuchar
la llave en la puerta, los pasos de Hector en la entrada. Pero en su lugar,
el contestador automático con la voz de Hector le informa que la ama, la extraña,
pero que el viaje de negocios se ha demorado, que hasta las 8:00 de la mañana
siguiente, no podrá estar en su casa.
Desde el exterior de la casa es imposible percibir que Carolina está aullando
con todas sus fuerzas, en un grito agónico pero amortiguado por la mordaza,
que expulsa la saliva que le llena la boca por entre la bola de goma y sus labios,
un grito infraumano, que lastima su garganta y la hace ponerse de color azul,
que dura hasta que se le acaba el aliento y recomienza con una nueva bocanada
de aire. Los músculos de los brazos y las piernas totalmente contraídos, intentando
zafarse inútilmente de sus ataduras metálicas, que se clavan cruelmente en su
carne, marcandole la piel. Su ano y vagina distendidos por los objetos que la
invaden .Su cuerpo adolorido le pide que se estire, que busque la liberación
pidiendo ayuda a través de la alarma, pero su pudor se lo impide, la obliga
a mantener la torturante posición, soportar los dolores antes que someterse
a la humillación de ser vista de esa manera por ojos extraños.
Continuará .......
Todo depende de ustedes. Escribanme y comentenme que le pareció la historia.
U otra cosa cualquiera. Si recibo vuestros comentarios es que interesa y entonces
seguro que encuentro el tiempo para continuarlo. Aguantará Carolina?, la rescatarán
sus amigas?, o entregada, activará la alarma a pesar de la humillación?.