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Lo que nos pasó en el Omnibus
Jovenes
De
como mi compañera del cole se la tocó a un señor en el
ómnibus.
Soy Maria Isabel, pero todos me llaman Maribel. Tengo 12 años y estoy en séptimo
grado de una escuela primaria en la Capital Federal.
Desde hace poco me empezaron a gustar los varones, pero no me gusta ningún chico
en especial. Lo que me atrae es mirarlos cuando se tocan abajo. Seguro que a
ellos les debe gustar igual que a nosotras cuando nos tocamos.
Tengo una compañera que es mi amiga y se llama Mary, que también ahora tiene
12. Estudiamos y hacemos los deberes juntas, sea en casa de una o de la otra.
Desde que nos conocimos en tercer grado, con ella casi siempre jugamos a todo
y también a tocarnos y a excitarnos cuando llegamos a casa de vuelta del cole,
y nos gusta mucho. Todas las chicas lo hacen.
Quiero contarles lo que me pasó el año pasado, cuando era más chica, mientras
viajaba en el ómnibus con mi amiga. No recuerdo si íbamos a estudiar en mi casa
o en la de ella, pero es igual porque tomamos el mismo ómnibus porque nuestras
casas están cerca.
Estábamos sentadas en un asiento de los dobles, yo del lado del pasillo y Mary
del lado de la ventana. Los demás asientos también estaban ocupados y había
algunas personas que viajaban de pie.
Estaban subiendo más pasajeros, cuando un señor que estaba viajando parado más
adelante que nosotras cambió de lugar y se puso cerca de nuestro asiento, de
modo que se quedó de pie muy cerca de mí.
Cuando estoy cerca de una persona sea varón o mujer, no puedo evitar bajar la
vista y mirar hacia sus pantalones, pero creo que lo hago por timidez y no por
deseos de ver que descubro. Es casi automático.
Ese día descubrí algo que me turbó mucho. Después de levantar mi vista comprobé
que el señor que se había acercado estaba mirando por las ventanas al exterior,
y era un hombre maduro y no era feo. Cuando bajé la vista vi que el bulto de
la entrepierna del pantalón se le notaba mucho, así que desvié la vista enseguida
y traté de distraerme hablando cualquier tontería con Mary.
Pero me sentí con muchas ganas de verlo otra vez para mirarlo mejor, así que
después de dirigir la vista un rato hacia el frente bajé la cabeza mientras
me acomodaba el pelo de un costado y del otro. Con la cabeza baja y mientras
me arreglaba el cabello del costado derecho desvié la vista hacia el hombre,
justo a la altura de su entrepierna y me acuerdo que miré con bastante atención
su bulto y enseguida me empecé a excitar.
Cuando pasó esto el año pasado yo era chica y como no tengo hermanos no sabía
cómo era el sexo de los varones. Pero a principio de este año tenía mucha curiosidad
y deseos de saber, hasta que un chico de la escuela que tiene 13 me dio permiso
para meter mi mano adentro de su pantalón y pude explorarlo todo, y me gustó
que se le pusiera grande y también duro igual que cuando se me pone duro a mi.
Es un recuerdo excitante y lo tengo muy presente, así que desde ese día sé cómo
es todo lo de los varones.
Esa tarde en el ómnibus, después de desviar la vista por segunda vez, hice como
que me sacaba las lagañas de un ojo y después del otro, para volver a mirar
por tercera o cuarta vez el bulto del señor, así que miré bien su entrepierna
durante un ratito, pero con mi cabeza baja para que no se notase hacia donde
se dirigían mis ojos.
El señor tenía todo acomodado en el lado izquierdo del pantalón, la parte de
abajo parecía una pelota o un globo medio desinflado y la parte de arriba estaba
encima de la pelota para abajo, pero era gruesa y grande. Y lo que me llamó
la atención es que todo eso se le veía porque le hacía relieve a través de la
tela del pantalón y también se le marcaba la cabezota de la punta. Me produjo
mucha excitación.
Giré la cabeza, miré por la ventana y le señalé una vidriera a Mary mientras
le dije bajito que mirara al hombre, porque quise compartir eso con mi amiga.
Ella no sabía de qué se trataba, hasta que le expliqué qué era lo que resultaba
interesante ver, y la muy torpe se asomó delante de mí y le miró el bulto sin
ningún disimulo. Por suerte el señor seguía mirando por la ventana y pareció
que nadie se había dado cuenta.
Mary y yo le miramos el bulto al señor varias veces y al ratito vi a Mary que
tenía el rostro encendido y pensé que yo también debía estar colorada, y no
sabía qué hacer.
Unos minutos después Mary se acercó hacia mí, reclinó su cabeza apoyándola sobre
la mía, me pasó en forma cariñosa su brazo izquierdo por detrás de mi cuello
y me tomó con su mano mi hombro izquierdo. Al ratito, Mary se apretó aún más
cerquita de mí.
La cantidad de pasajeros hizo que enseguida el señor cambiara de lugar, más
para atrás, de modo que lo que había mirado ya había quedado fuera de mi vista,
pero igual me las ingenié para mirarle su bulto fingiendo examinar la calle
a través de las ventanas del lado opuesto del ómnibus, repasando con la vista
una y otra vez ese bulto que me gustaba tanto y me excitaba.
Pero yo también estaba confundida, porque aunque yo quiero mucho a Mary y siempre
nos excitamos juntas, esta vez ella se había puesto cariñosa conmigo mientras
que lo que a mí me turbaba en ese momento era otra cosa, es decir que me estaba
gustando una cosa distinta a lo que me podía producir la proximidad de Mary,
por que yo estaba obsesionada en mirarle la entrepierna al señor, y de tanto
que me gustaba me había mojado y me habían dado dos o tres espasmos.
El ómnibus ya estaba completo y al ratito Mary me susurró al oído que lo estaba
tocando. No sabía qué me decía hasta que me explicó bajito, con su cabeza reclinada
sobre mí como estaba, que le estaba tocando el bulto al señor con la mano que
ella tenía sobre mi hombro izquierdo, porque el señor ya estaba arrimado a nuestro
asiento debido a la cantidad de gente.
Mary y yo permanecimos así, y no tardé en darme cuenta que Mary estaba aún más
excitada. Yo la conocía bien en eso y su respiración estaba un poco agitada.
Es decir que ella había puesto su mano sobre mi hombro pero no por mí, sino
para procurar tocarle el bulto al señor.
Esto que sucedía me excitó mas y no sabía qué hacer, porque yo no participaba
en lo que estaba pasando y ni siquiera podía mirar al hombre porque él ya estaba
muy a mi costado.
Al ratito Mary puso despacio su otra mano bajo del bolso donde llevaba los útiles
de la escuela y pude observar que se la estaba metiendo entre sus piernas, ya
que debajo del bolso la falda se le veía un poquito arremangada, hacia arriba.
Y así fue que Mary empezó a masturbarse al mismo tiempo que le tocaba el bulto
al señor y yo estaba excitada sin participar en nada.
No sabía qué hacer y decidí prestar atención a lo que Mary estaba haciendo con
la mano que tenía sobre mi hombro izquierdo. Noté primero que por momentos la
cosa del señor que estaba dura me la pasaba y apretaba sobre una parte mi hombro,
casi empujándome, y en otros momentos la mano de Mary hacía movimientos muy
lentos de vaivén hacia arriba y hacia abajo. Imaginé entonces que Mary se la
estaba agarrando una y otra vez al señor mientras con la otra mano se masturbaba.
Una de las veces que sentí la cosa del señor que se frotaba sobre mi hombro
tuve otro espasmo. Despacito yo también metí mi mano entre mis piernas, debajo
de la mochila que llevaba, y empecé a tocarme y a apretarme por arriba de la
bombacha que estaba muy mojada. Creo que las dos perdimos algo el control de
tanto que nos gustaba todo eso, pero aunque estaba segura que nadie se daba
cuenta de lo que estaba pasando; también estaba segura que el señor sí sabía.
Cuando el señor de pronto se fue y se bajó del ómnibus nos aquietamos y al ratito
Mary se recompuso y yo también. En seguida me comentó bajito que llegó a agarrársela
entera por arriba del pantalón varias veces, y que cuando se la tenía agarrada
el señor se movía, y que se la había sostenido fuerte en el momento en que el
señor se empezó a moverse también fuerte, y que creía que lo había masturbado.
Mary estaba muy enrojecida y me dijo que no podía mas o algo así. Después nos
quedamos en silencio.
Faltaba poco para bajar. Ahora recuerdo que íbamos a casa de ella. Entonces
nos empezamos a acomodar para levantarnos.
Bajamos del ómnibus en silencio, entramos a su casa, saludamos a la mamá y subí
con Mary a su cuarto.
Ella se sentó en la cama y yo en una banqueta, y así permanecimos en silencio
como diez minutos, con las cabezas bajas y sin hablar. No sabía en qué estaba
pensando Mary, pero lo supuse. Yo recordaba vívidamente las formas del bulto
del señor, los tenues movimientos de la mano de Mary en mi hombro, las fricciones
de la cosa del señor sobre mí y nuestras disimuladas masturbaciones. Entonces
volví a excitarme.
Después que la mamá de Mary nos sirvió la merienda y de tomarla, seguimos en
silencio y nos acostamos juntas en su cama así como estábamos, sin cambiarnos
de ropa. Seguimos en silencio y ella metió su mano por debajo de la cintura
de su pollera y comenzó a masturbarse. La observé un rato y vi que lo hacía
con sus ojos casi cerrados, y yo enseguida hice lo mismo y empecé también. Eso
duró largo rato. Después yo la masturbé a ella y ella a mí, como lo hacemos
siempre en mi cuarto o en el suyo, pero creo que mucho mejor aunque estábamos
con las bombachas puestas. No nos besamos como otras veces, pero fue como una
locura. Estabamos empapadas.
Desde hace pocos meses cada una de nosotras tiene escondido un vibrador de esos
que andan a pila y hacen que una se vuelva loca. A veces los usamos juntas,
pero cuando paso esto el año pasado, ni lo conocíamos. ¡Qué lindo hubiera sido
que esa vez nos hubiésemos masturbado con esos vibradores! Pero quizá esa tarde,
con la locura que teníamos, nos hubiésemos roto lo que todavía mantenemos sano.
Bueno. Me costó mucho escribir esto porque este recuerdo del año pasado me volvió
a excitar todo el tiempo mientras lo escribía y también mientras lo corregía
para que saliera bien escrito.