Delirio Porno. Buscador de Sexo, Relatos Eroticos, Fotos, Videos
Cuentale a un Amigo/a
Buscador de Sexo Relatos Eroticos Fotos
Porno Hispano Videos Porno Envíanos tu Relato
Navegación
Buscador
Porno Hispano
Noticias de Sexo
Fotos
Vídeos
Relatos

Videochat Barato
 
videochat barato

PORNSTARS Webcam
 

Chicas con Webcam
 

VIDEOS PORNO GRATIS
 Porno Gratis

Parejas Webcam
 
Parejas en Webcam

Cams de Latinas
webcam latinas

Cams Porno por SmS
Webcams Porno enviando 1 SmS
Enlaces de Sexo

Tu Buscasexo
BuXcaSeX
Postales X
Busca Sexo
Buscador Porno
Busca Webs Porno
La Guia de Sexo
Sexo por la Webcam

Relatos Porno, Noticias Porno curiosas, Fotos Porno, Videos Porno, Webcams Porno y mas en Delirio Porno, buscador porno gratis. Si tienes relatos o experiencias porno y quieres que aparezcan aqui, envialos a traves del menu superior Envia tu Relato y lo publicaremos.

WEBCAMS PORNO EN VIVO






Las 4 pruebas Sado

 

Iniciación
como esclavo por parte de su propia sumisa...


Me pusiste un cebo. Sabías que no lo resistiría. Hoy me encontré una fotografía
en mi buzón de correo… El sobre venía sin remitente, sin dirección, sin sello…
un simple sobre amarillo. Lo abrí. Leí: "C/Gardenias 114. Ven." Y detrás, una
foto ampliada. La saqué con cuidado, y me vi en ella. Atada, de pie, con la
mordaza en mi boca y los pies atados a una barra que me mantenía las piernas
abiertas. Tan sólo con ese bonito liguero negro de encaje que tú me regalaste.
La tentación fue demasiada.

Me vestí a toda prisa con aquel vestido negro bordado que tanto te gusta, junto
con aquellos zapatos de tacón alto que me hiciste comprar, y me encaminé hacia
ti. Por el camino, iba recordando la fotografía, sádicamente hermosa, y lo que
me llevó a aquella situación.


"Aquel día te había desafiado. Me habías encomendado una tarea, sencilla por
cierto, que a mí, en mi independencia que tanto te gusta y quieres someter,
se me ocurrió no realizar.

No esperaba que estuvieras vigilándome. Me sorprendiste en la calle yendo de
compras, y suave pero severamente me asiste de la mano y me arrastraste hasta
tu casa. Allí me inclinaste hacia ti, y me recordaste mi afrenta, y el castigo
que debía aceptar. Y lo acepté, sabiendo que jamás me harías daño… confiada,
esperé. Pero no llegaste tú. Y yo sola, allí inmovilizada de pie, con calambres
ya en mis piernas, tan sólo rogaba porque vinieras a mí, como tantas otras veces
has hecho. Pero esta vez… Esta vez no.

Transcurrió una eternidad. Una hora, dos horas, tres, no lo sé. Hasta que al
final abriste la puerta de mi celda, y te vi aparecer. Pero no venías solo.
Una vaga imagen de un hombre joven, acaso treinta años, ligeramente familiar,
entrando en la puerta se imprimió en mi retina, haciéndome temer lo que ya sabía
inconscientemente. Tú no me castigarías, porque ya me he acostumbrado a tu ritmo,
y aún no he aprendido la lección. Sería él el que me enseñara esta vez a no
desobedecer…"


Llegué a la dirección que me enviaste. La puerta entornada, la luz velada, el
perfume a incienso que yo te regalé, y el destello sangriento de una copa de
vino señalaban el inicio de una velada inolvidable, con tu música de fondo,
y tus ojos brillando por detrás de la copa. Cautelosa, entré en la estancia,
entornando mi visión, ya que sin tu permiso no debo mirarte. Y, a través de
mis pestañas, te vi. Oscuro como la noche. Tu camisa negra, mi favorita, con
tus pantalones negros realzan la palidez de tu rostro, y te convierte en esta
penumbra en un vampiro al acecho de su víctima, de mí. Me quedo inmovilizada,
asombrada, extasiada por ti.

Y vienes hacia mí, y veo cómo te arrodillas ante mí, no puedo creerlo. Mi Amo…
arrodillado ante mí, adorándome como a una Diosa, mirando mi rostro sonrojado
por la excitación como si fuera la imagen de sus mas secretos deseos… No comprendo,
y así te lo comunico, acariciándote suavemente el rostro vuelto hacia mí desde
tu posición. Tu voz profunda suena como una caricia, como un golpe, cuando me
dices que hoy haré de ti lo que yo quiera… que hoy yo llevo el control. Me fallan
las piernas, y me arrodillo a tu lado. Asiéndote del pelo negro y lustroso que
tienes, acerco tu boca a la mía para saborearte lentamente, en un beso profundo
y húmedo que me recorre las entrañas y me hace sentir viva de nuevo, completa
como sólo lo estoy a tu lado. Despacio, me acerco a tu Trono… tu Trono es esa
silla que tienes, labrada con caras hermosas y demoníacas, en donde te sientas
para observarme…

Hoy me sentaré yo, y yo observaré. Te pido una copa de vino, y me la traes…
pero aún no me conoces bien. No lo has hecho bien, mi niño, has rebasado el
límite de la copa, y encima has movido demasiado el vino. Te arrojo el contenido
a la cara, y te empujo con mi pie calzado con mis zapatos hacia la mesa, a ver
si esta vez lo haces bien. Mientras me sirves, me pongo de pie, y levanto mi
pierna encima de la silla. Debajo, no llevo nada, más que las medias con el
liguero, sí, el mismo que el de la foto. Vienes con la copa. Así me gusta, ahora
lo has hecho bien. Te coloco mi collar, y sujetándote de la cadena que cuelga
de una argolla central, te acerco a la sima que se esconde entre mis piernas,
una sima que conoces doblegada, dolorida, pero nunca como ahora. Lames… Lames
muy lentamente, pues sabes que si me haces daño te castigaré…

Mientras te aplicas a tus deberes, con las manos yo preparo tu castigo… que
será inminente, ya que por enésima vez, no lo estás haciendo bien. No me estoy
enterando de tus caricias, y eso hay que corregirlo. Te levanto por el pelo,
y a rastras te llevo hacia la mesa. Te tumbo boca abajo, con tu incipiente erección
aplastada contra el frío mármol, y amarro tus pies y tus manos con las pulseras
que tiene la mesa. Te quejas, ya que el frío te provoca dolor en tu miembro.
Te ordeno silencio, y obedeces.

Lentamente, acaricio tu espalda primero con la mano, luego con algo que no sabes
qué es pero que lo intuyes, algo suave pero cortante, algo cálido pero frío…
flexible…Sí, cariño, es tu látigo, ese que tantas veces has empleado conmigo;
Ahora probarás su mordedura. Te aplico el primer azote, y tu cuerpo se estremece.
Es la primera vez que sientes el mordisco del cuero, y veo en ti mi propia iniciación
como esclava. El primero fue a la espalda, el segundo azote lo dirijo hacia
las piernas, y te marca una línea delgada y roja que te cruza las nalgas. Como
no veo bien, acerco el candelabro que tengo detrás, y lo inclino sobre tus marcas…
Sientes cómo se derrama la cera, y suplicas el perdón, dices que no lo soportas,
pero yo aún detecto tu voz desafiante, aunque intentes ocultarlo. Abandono el
candelabro satisfecha de lo que he visto, y recojo el látigo de nuevo, marcándote
el cuerpo con el cuero, el alma con mis palabras. Al cabo de un rato, te dejo
descansar en la misma posición, y me ruegas con lágrmas en los ojos que te suelte,
que te permita abandonarte a mis pies. No. No lo harás hasta que yo lo consienta.
Pero tus súplicas me apiadan, y comienzo a besarte lentamente, a recorrer con
mi lengua húmeda tus piernas marcadas, tus nalgas enrojecidas por los azotes,
las cruces que mi mano ha diseñado en tu espalda… y tú suspiras, medio de placer,
medio de dolor.

Te suelto por fin, y tus piernas ceden, y caes rendido a mis pies. Veo, en mi
penumbra, cómo besas mis zapatos, mis pies, y vas subiendo muy lentamente, mirando
mi rostro buscando mi aprobación… decido dártela, y sigues subiendo. Tu lengua
recorre el límite entre mi piel y el liguero, y se introduce bajo la goma para
acariciarme completamente. Tus manos van recorriendo mis piernas, y me haces
cosquillas. No lo aguanto, tiro de tus manos, y te las ato a la espalda. Tan
sólo quiero sentir tu boca, tu lengua, tu saliva, tu calor interno en mi piel,
no tus manos. Así sigues levantándote lentamente, y me recorres con los labios
el pubis completamente desprovisto de vello… y con la mirada me suplicas que
abra las piernas. Las abro, y tu lengua se acerca a mi clítoris.

Me estremezco. Apoyo mi pie en tu espalda, y sientes cómo se clava el tacón
mientras sigues comiéndome. Tu lengua ansiosa me da pequeños lametones en el
clítoris, y va bajando, encontrando la vagina, penetrándome suavemente. Una
y otra vez, ya que deseas que me estremezca de placer. Mientras tanto, yo te
acaricio con una mano el pelo, y con la otra apuro mi copa de vino… me quedo
con ganas de más y así te lo hago saber. Te desato las manos, y vas de rodillas
hasta la licorera, me sirves otra copa de vino, y vuelves. Siempre de rodillas.
Me encantas. Eres mi Amo, y también eres mi esclavo. Mi único y mejor esclavo.
Vuelves a mi coño depilado, esta vez con las manos sueltas, y siento cómo entra
un dedo en mi interior, tocándome, apretándome despacio, mientras yo doy pequeños
sorbos de vino.

Estoy empezando a hartarme, y con mi pie te empujo para que caigas al suelo.
Tu cara de sorpresa me hace reír, y me pongo de pie a tu lado. Me inclino suavemente,
y mi coño queda a la altura de tu cuello, así que tienes que hacer un esfuerzo
por complacerme, mientras sientes cómo te golpeo con las manos… Localizo con
la mirada la palmeta, y la cojo, mientras sigues dándome placer. No te has dado
cuenta, estás inmerso en mí, en mis jugos y en mi cuerpo, y de repente sientes
el golpe certero en una de tus caderas, un golpe que te hace apretar la cara
contra mi cuerpo, mojándote así todo el rostro con mis fluidos vaginales.

Te abandono en el suelo, y voy un momento hasta la cocina. Traigo algo, no sabes
qué es, brilla. Apago todas las velas menos una, y me arrodillo enfrente de
ti. Sientes un goteo en tu boca, cálido, la abres a una orden mía y notas el
sabor acre de mi sangre. Ahora estás vinculado a mí por amor, por dolor y por
sangre. Has pasado tres pruebas; La Prueba del Amor, la Prueba del Dolor, y
la Prueba de la Sangre.

Pronto conocerás la prueba que te queda.


Me levanto, y te ordeno levantarte a ti también. Lentamente, hago que te vistas,
incluso te ayudo, cosa que me agradeces una vez vestido inclinándote hacia mí
con esa reverencia que sólo tú sabes hacerme, esa cortesía ya tan desusada pero
tan hermosa en ti. Me hablas… me llamas Ama… suena hermoso en tu voz cálida
y profunda, y me pides conocer la cuarta y última prueba. No corras.

Pronto la conocerás.
Webcam Porno por SMS . 1SMS = 10 minutos de Webcam Porno