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Vigilando a mi vecina
Vecinas que todos desean
Observo
perplejo cómo se masturba mi joven vecina.
Aquel sábado mis padres salieron a cenar con mis vecinos a un restaurante que
está en las afueras. Solían hacerlo varias veces al año porque además de vecinos
eran amigos desde la universidad. Yo no pensaba salir ya que tenía un examen
el lunes siguiente y me veía algo agobiado así que casi agradecí que me dejaran
solo. Lo que no sabía es que me tocaría "mudarme" al piso de enfrente para cuidar
a Laura, la hija de mis vecinos, que estaba con algo de fiebre.
Me lo rogaron tan insistentemente, diciéndome que estaba dormida y no me molestaría,
que accedí. Ella estaba en la cama cuando se fueron, parecía que estaba bien
por lo que me fui al salón a preparar mi examen de derecho. Me acomodé en el
sofá y me dispuse a estudiar cuado oí un quejido en la habitación. Al acercarme
de puntillas la vi incorporada en el colchón quitándose la parte de arriba de
su pijama. Me escondí tras la puerta sin hacer ruido y contemplé aquella escena
entre la sorpresa y la excitación.
Laura tenía dieciséis años pero ya estaba desarrollada, tendría una 90 y un
culo bastante apetitoso. Alguna vez al subir juntos en el ascensor me había
sentido tentado por ella ya que vestía con minifaldas mínimas y con tops pegados
siguiendo la moda UPA dance.
Era rubia teñida, no muy mona de cara pero siempre sonriente lo que la hacía
más atractiva.
Seguramente no sabría que yo estaba en su casa o quizá sí pero seguro que no
imaginaba que estaría detrás de la puerta fisgándola. Me sentí un voyeur porque
me empalmé al verle las tetas. Supuse que tendría calor por la fiebre ya que
acto seguido noté cómo seguía desnudándose por el movimiento de la manta. Yo
estaba allí paralizado mirándola sin hacer ruido para no delatarme, gozando
de aquella visión.
Al fin se sacó la otra parte del pijama y la tiró al suelo junto a los calcetines
y a la parte de arriba. Estaba desnuda, tal vez llevara braguitas pero nada
más. Se volvió a tumbar y apagó la luz.
Volví al salón aún caliente y encendí la tele a ver si me olvidaba de aquello
para poder estudiar. Echaban un programa infumable que me sirvió de tranquilizante
pero a la media hora más o menos oí otra vez algo desde la habitación. Me acerqué
de nuevo en silencio pero esta vez la luz seguía apagada. Presté atención y
la oí respirar más fuerte que antes, eran respiraciones más rápidas y profundas,
casi jadeos.
¡No podía ser! ¿Se estaba masturbando? ¡Claro! ¡¡Oh dios mío, que suerte!!
Se empezaba a mover más, las sábanas sonaban y sus jadeos eran ya evidentes.
Yo para entonces me había soltado el pantalón y tenía mi polla en la mano. Mi
vecinita menor de edad se estaba haciendo un dedo y yo me la cascaba sin piedad.
El líquido preseminal empezó a mojarme la punta y al roce con mi mano debió
hacer algún ruido porque de pronto ella dejó de moverse y encendió la lamparita
de la mesilla. Se quedó quieta y yo congelado, si me pillara podría denunciarme
por pervertido. Qué dirían sus padres... y los míos! Rezaba para que no se levantara
a ver qué pasaba. Estaba realmente preocupado y en silencio como una tumba.
Contra todo pronóstico reanudó su tarea pero esta vez podría ver todo, no solo
por la luz sino porque se había destapado y estaba en pelotas encima de la cama.
¡Qué cuerpo! Tenía el coño rasurado, sólo una fina línea de vello dividía su
pubis. Vi cómo se masajeaba con la mano izquierda una teta y con la derecha
el coño. Por cierto, lo tenía bastante enrojecido sospecho que por el trote
que le había venido dando desde que se había desnudado. Se metía un dedo de
vez en cuando y a veces dos. Era glorioso verla así de desinhibida.
Yo estaba a punto de correrme pero quería aguantar a verla acabar a ella primero.
De pronto se giró sobre si y se puso a gatas con el culo en pompa. Apoyó la
cara en la almohada cerró los ojos y empezó a acariciarse el ano.
Increíble, aquello era increíble. Sacó un consolador de entre las sábanas y
lo movió desde su coño hasta el culo parándolo de vez en cuando ahí, metiéndoselo
un poco. Se le escapó algún gritito cuando se puso a horcajadas sobre su aparato.
Lo tenía hasta dentro y ahora se masturbaba más rápidamente.
Movía sus dedos apretando el clítoris a mil por hora con el consolador dándole
por el culo. Se arqueaba, jadeaba, seguía... más...más...más
No paraba de gritar aaaahhaaahhhh aahaah aaahh ahhhhhhhhhhhhhhooooooooooohhh