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Bendito entre las mujeres
Confesiones
Las
mujeres se le ofrecen, las putas no le quieren cobrar y sus amantes insisten
en mantenerlo... !Y todavía se queja!. Su mujer lo obliga a engañarla, sus amantes
insisten en mantenerlo, las putas se le entregan gratis, lo acosan sus amigas,
lo reclaman en la cama y las mujeres caen a sus pies como esclavas… ¡Y todavía
se queja!
Me encontraba manejando entre el tráfico con Cintia, la hija de 10 de una amante
mía. La llevé al cine a ver una película para niños y después pasamos por un
helado. En una niña tan linda, morenita, de cabello castaño ondulado y mirada
pícara.
Está vestida con un lindo overol azul y una blusa rosada. Mientras avanzo contra
el tráfico pasa por mi mente los sucesos del día, concretamente lo que hice
en la mañana. Amor, ¿no tenés hambre? No cielo, gracias, estoy bien ahorita.
Pero puedo hacerte de esas galletas de chocolate que te encantan… Gracias mi
vida, pero estoy lleno, gracias… el almuerzo que hiciste estaba buenísimo y
me harté como coche, gracia vida. Esa era mi esposa, Luisa. Cómo siempre, no
puede verme sin ofrecerme algo, ya sea comida u otra cosa.
Es una bendición tener una mujer como ella, pues además de ser muy bella, está
por completo entregada a mí. Eso no es del todo bueno. Yo también estoy entregado
a mi casa, a mi familia, a mi esposa, pero no por ello pierdo mi independencia
ni mi intimidad. Pero ella si, no se lleva un bocado a la boca si no se asegura
que yo ya me haya llevado 2… y todavía me da otro; no se atreve a tener un orgasmo
si no cree que yo lo estoy disfrutando lo suficiente. ¡Y si me mira observando
a otra en la calle, peor! Ya la puedo ver corriendo detrás de la fulana, preguntándole
si no quiere algo conmigo, que a ella no le molesta. Como les dije, ella es
una bendición, y cualquier hombre me dirá lo mismo… y dirá que soy un completo
imbécil por estarme quejando de ello. Pero es que al final resulta una responsabilidad
muy grande. Se los repito, ella vive para mi y por mi, si yo no estoy feliz
ella se siente la persona más miserable del mundo, el ser más insignificante
e inútil que hay, porque "no puede ni siquiera tener feliz a mi esposo" en sus
palabras literales. Lo malo es que a mi también me gusta hacerla feliz… es complicado
y difícil, creo que leyendo lo que les tengo que decir me van a comprender mejor.
Chemita… – así me llamo – ¿te la puedo chupar un rato? ¿Ah?… ¿Qué?… ¿Perdón?…
¿Que si te la puedo chupar un rato? Pues… pues… si… si querés… Se le dibuja
una sonrisa feliz y agradecida en los labios y me dice gracias. Lo siguiente
que se es que ella está arrodillada bajo la mesa mamándome la paloma tiesa.
Como les dije, ella no se queda tranquila hasta que no esté segura que me está
atendiendo adecuadamente, y estas atenciones son cotidianas para mí.
Recorre con su preciosa boquita todo lo largo de mi mástil, llega a la cabeza
y se la mete hasta la garganta. Por el otro lado, sus delicadas manitas se concentran
en brindarme un sabroso masaje testicular. ¡Ah qué vida! Pero amigos, es más
difícil de lo que ustedes creen. ¡Si ya sé que deben decir que parezco hueco!,
pero eso no me importa. En eso oigo pasos acercándose al comedor, en donde me
encontraba leyendo unos papeles de la oficina. Luisa se haya debajo de la mesa
haciéndome ese delicioso mamey. Papa, voy a salir con Manuel, me das per… –
calla cuando se da cuenta de que por debajo de una esquina sale el abultado
trasero de la Güicha (mi mujer). Me habría gustado que no nos viera, pero es
algo casi inevitable. Verán, ella se… mejor véanlo por si mismos… Si me prestás
el carro me podés dar por el culo… No es necesario… – trató de responder. ¡Marcela!
¡¿Qué es eso?! – reacciona enojadísima Luisa. ¡Perdón! – responde muy apenada
mi hijastra – Papi, me podés dar en el culo cuando querrás, ¿oíste? Si, si,
pero te repito que no es necesa… ¡Y ahora no le vayás a pedir el carro! Luisa,
está bien, no estoy… ¡Y quitate la ropa y dale el culo ahorita!… es lo menos
que podés hacer después de ser tan desconsiderada y maleducada con el… Güichita,
amor, no… eso no es… de verás… Eran alegatos vanos e inútiles de mi parte, pues
en un 2 por 3 Marcela ya estaba en pelotas, con su blanquecina piel brillando
por los rayos solares del medio día que se colaban por las ventanas.
Rápidamente Luisa se levantó del suelo y Marcela ocupó su lugar. De espaldas
se encaramó sobre mi silla y se fue sentando poco a poco encima de mi enhiesto
falo, que pedía guerra y pelea. Lenta, pero inexorablemente, deslizó toda la
longitud de mi arma a través de su delicado esfínter anal hasta caer sentada
sobre mí. Sus ojitos cerrados y apretados, y su ceño fruncido me hablaban del
esfuerzo que mi nena de 16 años realizaba para recibirme en su puerta trasera
sin previa lubricación. Una vez acomodada, empezó a subir y bajar, sacando y
metiéndose hasta el fondo mi tiesa paloma. La niña gemía, sus ojos expresaban
un profundo esfuerzo, dolor, pero también un deseo incontenible y un abrumador
placer.
Su madre mientras tanto, se había vuelto a arrodillar y se encontraba lamiéndole
el sexo chorreante a su amada hija. La muchacha se estremecía cada vez que se
dejaba caer sobre mi palo, y casi empieza a convulsionar cuando llegó al orgasmo.
Bueno, estuvimos así por un muy buen rato, han de saber que poseo una gran resistencia.
Marcela llegó otras 2 veces al éxtasis. Su mamá también recibió lo suyo. Al
terminar, salí a la tienda de la esquina por unas cosas que Luisa quería para
hacer de cenar, además para despejarme un poco y platicar con algunos amigos
del vecindario. Era Domingo y no tenía nada más que hacer esa mañana. Madre
e hija se quedaron en el suelo de la cocina, las dejé chorreando sudor, semen
y sus propios fluidos… con una sonrisa que casi se mordían las orejas. Me encontré
a un amigo en la tienda, y al verme llegar sudoroso y despeinado, se rió de
mí. "¡Pisado suertudo!" me dijo, pero es una suerte difícil de asumir. Un camión
prende y apaga sus luces altas detrás de mí y me saca de mis cavilaciones. Del
susto suelto el clutch y el carro arranca y se apaga. ¡Papi! – me regaña Cintia
muy cariñosamente, tal y como hace su mamá. Je, je, je… – me río como un tonto.
Arrancó de nuevo el carro ante el bocinar del chofer que traigo atrás y avanzo
en la cola. Pasados unos metros me rebasa y me pasa dirigiendo una terrible
mirada de furia y desaprobación que a mi, sinceramente, me pela olímpicamente
la verga. Lentamente sentí como la manita de la nena comenzaba a sobarme la
pierna. La caricia me gustó y, como nuevamente la cola había parado su marcha
(así es el tráfico durante una hora pico) recosté la cabeza contra el respaldo
de mi asiento mientras le acariciaba el cabello a ella.. Sin embargo, poco a
poco ella subía la mano por mis muslos, hasta llegar a mi ingle. No la detuve,
ja, ¡por baboso! En eso sentí como me empezaba a desabrochar el cinturón, y
a meter su pequeña manita entre el calzoncillo, y me empezaba a masajear la
paloma y los huevos. Cintia, ¿qué hacés? Cositaaaaas…ñ – me respondió juguetona.
¿A sí? Si papi, solo quiero jugar un ratito… Bueno amor, pero… pero… es que
estamos en medio del tráfico… ¿Querés que pare? ¡No! No, seguí… pero es que…
nos pueden ver… ¿No tenés ganas de jugar conmigo? Si, si tengo, pero es que
ahorita no es un buen momento. Los ojitos de la nena se pusieron tristes y a
mi me partió el alma. La dejé seguir porque no tuve corazón para detenerla,
aunque no quería que eso pasara. Si, si, ya sé que les va a caer mal que me
esté quejando de mi vida a cada rato. No es que no me guste (obviamente me encanta)
pero hay cosas que quisiera que fueran distintas. Por ejemplo, quisiera que
Marcela llevara una vida normal, ya saben, amigos, amigas, novios, fiestas,
lo normal en una adolescente. Pero no lo hace, pues teme que me moleste si le
llegase a hacer caso a un muchacho. Y yo ya le dije hasta el cansancio que no
es así, quiero nietos, no hijos–nietos. Afuera de mi casa es la misma historia.
Verán, tengo otra familia en donde me sucede lo mismo. Cintia es de esa otra
familia. Luisa está al tanto de eso, de hecho ella me apoya (ojalá no). Mi otra
mujer insiste en pasarme dinero, en regalarme cosas caras y muy bonitas. Sus
hijas también son mis amantes… es un relajo. Conozco putas, se me ofrecen sin
el menor pudor, casi me suplican que las tome. Y si les digo que les voy a pagar,
se ofenden. Luisa se siente especialmente orgullosa si son hermosas. Entre más
bellas mejor para ella. Es ilógico, enfermo.
Mi mejor amiga también es mi amante. Es una mujer que conozco desde el colegio.
Me sentí mal cuando me llegó a suplicar que tuviera sexo con ella, que, por
favor, la embarazara porque quería tener un hijo mío. Y, bueno, si me pongo
a contarles todo fácil se me van como 20 hojas y solo los aburriría. Y no soy
un tipo extraordinario, todo sería más comprensible si lo fuera. Soy el estereotipo
de nerd, así aburrido, desabrido, raro y extraño. Resulta que desde pequeño
siempre fui alguien muy tímido, un niño bastante inseguro. Tenía pocos, o ninguno,
amigos y no salía mucho de mi casa. Mis compañeros me molestaban mucho, me robaban
la comida, me escondían mis cosas, me golpeaban, etc. Total, yo era un objeto
de burlas constantes. Fui creciendo y nunca pude desarrollar mecanismos normales
para relacionarme con mis compañeros, nunca aprendí. Debo agregar que estudiaba
en un colegio solo de hombres por lo que la situación era peor, ya que los niños
suelen controlarse y mesurarse más cuando está presente el sexo opuesto, de
lo contrario nada los detendrá. Pero bueno, logré sobrevivir a la primaria.
Al pasar a secundaria, las cosas empezaron a mejorar un poco, solo un poco,
no mucho. Logré hacerme de 2 buenos amigos, los únicos amigos que tendría en
mi adolescencia. Un amigo y una amiga. Al principio el solo me buscaba por trabajos
pues yo era muy buen estudiante. Si, lo acepto, el significado de la palabra
nerd lo acuñé yo. Ella era hija de amigos de mi padre, y por ellos se acercó
a mí. Sin embargo poco a poco me fui ganando su amistad. Con ellos conocí la
vida, cosas que siempre pensé que eran ajenas a mí. Fueron una bendición. Era
el típico amigo chaperón, de esos que no estorban pues no se ven ni se oyen,
por lo que son muy buenos para acompañar a otro amigo cuando este visitaba alguna
amiga.
Recuérdense de ustedes mismos cuando tenían 13 o 14 años, hablar con una muchacha
nos daba pavor, pero lo deseábamos desesperadamente. Ir en grupo era bueno,
pero el grupo a veces estorbaba cuando el objetivo era una sola niña. Ir en
parejas era mejor, pero solo si uno de los 2 iba únicamente como acompañante.
Y ese acompañante siempre era yo. No hablaba mucho, caía bien y no destacaba
más que Pancho, mi amigo. Era el tercer hombre perfecto. Junto a el empecé a
conocer chavas, mis primeras amigas, y rápidamente me di cuenta de que me era
más fácil relacionarme con mujeres que con hombres, no sé por qué. Tal vez porque
ninguna de ellas me había humillado antes, porque en mi niñez nunca me trataron
mal. Talvez porque apreciaban mi forma de ser sencilla y sincera, nunca percibieron
en mi ninguna otra intención más que ser su amigo. Tristemente así era, comprenderán
que mi autoestima no era muy alta que se diga, no creía que yo pudiera atraer
a ninguna de ellas. Debo admitir que lo que pasaba al principio es que carecía
de personalidad y me aterraba hacer el ridículo (más todavía) por lo que nunca
traté de asumir una personalidad atrayente, o de aparentar-ser-algo… lo que
fuera. Pero mientras crecía, terminé desarrollando una personalidad agradable,
una que me hacía caer bien dentro del grupo de mujeres en el que me encontraba,
me enfundé en el traje de la autenticidad. De hecho esa es una de las cosas
que mis niñas (así les digo) más admiran de mí, que siempre que me acerco a
una mujer jamás es por una intención oculta, tan solo conocerla, que soy muy
auténtico, nunca finjo ni aparento ser algo que no soy. Como dije, eso me fue
fácil, pues al principio yo no era nada, un completo cero a la izquierda… A
propósito, creo que lo mejor será presentarme.
Mi nombre es José María García. Actualmente tengo 35 años, soy ingeniero y me
va muy bien. Actualmente tengo 35 años, soy ingeniero y me va muy bien. Ahora
bien, se preguntarán cómo hizo alguien que, después de tan solo leer unas 3
o 4 líneas se adivina perfectamente que fue un grandísimo perdedor, para tener
este efecto en las mujeres. Se los voy a contar más adelante.
Pero les diré, no nada normal, todo lo contrario. No sé si será magia, una bendición
de algún santo, un hechizo, no sé, pero definitivamente no creo que sea normal.
Arranqué el carro y comencé a avanzar, enfilé camino a la residencia de mi otra
mujer. Tengo deseos de llamar a mi casa pero eso no le gustaría a Luisa, si
la voy a engañas, ella quiere que lo haga bien, y no decir en dónde me encuentro
es parte de ello. Mientras tanto Cintia sacó mi pene parado de su escondite,
bajó el cuerpo y se lo metió hasta el fondo de la boca, no sin antes decirme
"me ayudás". Y sentí la gloria cuando se la metió entre la boca. Cintia no era
demasiado buena en esto, tan solo tenía 10 años. Pero a pesar de la poca pericia
que ella mostraba, sus movimientos torpes me parecían deliciosos. No sabía si
metérsela completa entre la boca o solo chupar la cabeza. De hecho, dudaba entre
chupar y succionar o solamente lamer y besar, asimismo tampoco sabía si debía
acariciarlo con las manos. ¡Ayudame papi! – me dijo ruborizada. Así vas bien…
así vas bien… – ¡iba muy bien! Pero… chomp, chomp… no sé… chomp… no sé si succionar
o acariciar… chomp, chomp… Mirá, es importante hacer las dos cosas… Mmmmmm…
¿Te… chomp, chomp… te está gustando? Ssssiiiii… pero mirá, si te quedás solo
acariciando va a faltar un poco de succión… aunque las caricias de la lengua
son deliciosas… ¿Y si solo chupo?… chomp… chomp… Eso se siente bien, pero faltarán
las caricias entonces y se sentirá muy frío todo. Lo mejor es combinarlos… Pero
yo no sé bien como hacer eso…chomp, chomp… mami ya no me terminó de explicar…
chomp, chomp… me iba a decir como es que… chomp, chomp… como es que tu la cogés
por la boca… ¿cómo es eso?… chomp, chomp… La cogida bucal es otro tipo de felación,
no le hagás caso todavía, te falta crecer para esas cosas… lo que deberías hacer
es divertirte con el pene, jugueteá con el sin lastimarlo, movelo… ¡sin doblarlo,
sin doblarlo!… solo divertite con el, pensá que es un chupete de sabores a…
…Mmmm… chomp, chomp… ssslurrrrppp… …¡Ooohhhh! Si, esa chupada estuvo muy buena…
la nena continuó haciéndome esa deliciosa felación. Se puso a juguetear con
el y, en efecto, el resultado fue muy bueno. Me preocupaba un poco que el carro
de adelante nos pudiera ver en esas faenas, pero como mi carro es un pick up,
la cabina quedaba más alta que la del de adelante, un sedán familiar. Además,
ella es delgadita y aun pequeña, y estando así agachado sobre mi regazo no se
podía ver, parecía que yo viajara solo. La cola apenas se movió en 10 minutos,
y Cintia me comía la paloma como una hambrienta. Ya había tomado confianza y
parecía hasta divertirse con eso, definitivamente le encantó hacerme todo eso.
Me pude dar cuenta que tenía un gran potencial como mamadora, pues tenía buena
profundidad. Esto es que se podía meter la paloma hasta la garganta sin sentir
arcadas ni deseos de vomitar. Además su lengua era muy móvil, y si aprendía
a usarla lograría un nivel alto de placer. En eso sonó mi celular. Era la mamá
de la niña. Chemita amor, ¿en donde andan? Haciendo cola en la San Juan… ¿Hay
mucho tráfico? Si, está horrible. ¿Y la nena? Allí, mamándome la paloma la malcriadota.
Je, je, je… yo le dije que lo hiciera… Sos una malvada… Ji, ji, ji… ¿van a tardar
mucho en venir? Pues no sé… el tráfico está pesado y no se mueve mucho. Mmmm…
bueno, aqueí los espero… desnuda y chorreante… ¡Ay no! Ahorita te paso a las
nenas… Pero… Papi, me estoy deshaciendo del calor, mi hermana me está mamando
la pusa y te necesito… ¡apurateeeeee! Vaya, voy a tratar Ahorita te paso a mama,
besos. Besos. Amor, apúrense si pueden, aquí los esperamos. Vaya amor, besos
a ti también. Iba a tener una noche muy movida y no lo podía evitar… Comencé
a sudar, me estaba costando mucho retrasar la eyaculación, el placer que la
muchachita me daba era bárbaro, sentía que iba a explotar en su boca y yo no
quería eso, temía que le fuera a dar asco y que no quisiera repetirlo otro día.
Cindy se dio cuenta y paró de mamar. Voy a terminar nena… ¿Vas a terminar ya?
¿Cómo así papi? Que ya voy a llegar al orgasmo… Ah, eso me lo explicó mama…
¿Qué te dijo? Bueno, que cuando el hombre fuera a terminar y una se la estuviera
chupando, que lo dejara ella, eyo… ¿Eyacular? Si, eso… eyacular en la boca de
una… ¿Entonces tú querés que eyacule en tu boquita? Es que… Mmmm, bueno, si…
a mami le gusta mucho… Mmmm… vaya, está bien… Cerré los ojos y Cintia no paró
de mamar, mirándome a la cara. Me sonreía pícaramente, muy ruborizada como una
niña que fue encontrada haciendo inocentes travesuras por sus padres. Me encantaba
la manera en que le brillaban los labios, impregnados con mis fluidos lubricantes
y de su saliva.
Ella me miraba a mí y a mi verga. Empezó una mamada con frote vertical despacio,
pero firme y constante que de seguro vio a su madre haciéndome. ¡Qué niña! Esa
niña estaba dispuesta a hacerme termina a toda costa. Su carita dibujó una sonrisa
pícara y socarrona, y yo la jalé hacía mi y le planté un profundo beso. Nuestras
lenguas empezaron a hacerse el amor y nuestros labios a fusionarse. Luego la
hice volver a mi macana que estaba a punto de estallar. Y al final ya no pude
resistir más el clímax que me llegaba como un camión dispuesto a atropellarme.
Me separé de sus labios y tiré la cabeza hacia atrás, le dije "¡Cintiaaaaa!"
y eyaculé furiosamente, tratando de ahogar mis gemidos para no llamar la atención.
Mi semen cayó de lleno adentro de su boquita, que lo esperaba c muy abierta
y con la lengua afuera. No tiró chorros fuertes de semen, que surcan el aire
y se estrellan en caras o paredes, no, yo me chorreo. Mi pene chorrea todo su
semen sin demasiada potencia pero si en grandes cantidades, no por nada me dicen
"avestruz", porque tengo un par de huevotes, je, je, je… Mi semen resbaló por
su cuello pues rebalsó su boquita. Ella embarró su manita traviesa, se la llevó
a la nariz y la olió atentamente. Me quedé jadeando y sudando, observando lo
que ella hacía. Huele a semen… sabe a semen… – dijo ella. Es semen… – le respondí
yo, haciéndome el serio como ella, rompimos en carcajadas. Mami dice que el
tuyo es el semen más sabroso del mundo. ¿Si? Qué linda tu mamá. ¿Todos lo sémenes
de todos lo hombres huelen igual? No. El semen huele y sabe a semen, pero no
vas a encontrar 2 que sepan exactamente igual. Cada uno huele distinto. Así
es. Además influye lo que acaba de comer, o su dieta en general. ¡Ah, ya entendí!
Por fin la cola empezó a caminar, llevé a mi niña bien tarde a su casa, afortunadamente
su mamá no estuvo muy preocupada. Pasé la noche con ellas, cogiendo con su mamá
y sus hermanitas. Ella tenía colegio al otro día y no se podía desvelar. Si,
si, ya sé que muchos de ustedes no me van a creer, que dirán que esto es solo
habladuría y que soy un charlatán. Que soy uno de esos tipos que, a falta de
una vida interesante, inventan cosas para que lo admiren. Pero eso no tiene
la menor importancia. Si me creen o no es su decisión, yo me limitaré a escribir
y ya. Y para los que tienen la costumbre de mandar correos diciendo que soy
un enfermo, que debería estar en un centro de salud mental, que soy un pervertido,
¿saben qué?… ¡su madre! Si tanto los ofende, ¿qué hacen metidos en un portal
de relatos eróticos, leyéndolos? Bueno, espero que les haya interesado lo que
les acabo de contar, les mandaré más historias más adelante. Mientras tanto
me despido, hasta la próxima… Gracias. Gran Jaguar