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Elena de señora a perra sumisa Sado

 


Elena
de mujer casada a perra sumisa.


Elena llevaba tiempo leyendo los relatos de todorelatos de varios temas pero
lo que hacía que mojara más sus braguitas eran los de dominación. Le daban morbo
y la excitaban. Un día decidió escribir a uno de los autores, a uno que parecía
que era o había sido un Amo.


Ella era una señora casada y con hijos por lo que tenía que guardar una discreción
importante, él la respondió dándole una dirección de msn y citándola un día
para que charlasen. Estuvieron hablando de lo divino y lo humano, intercambiaron
fotos e impresiones hasta que él tomando la iniciativa la propuso una cita real,
no con él porque no eran de la misma ciudad pero si con un amigo suyo que iba
a ejercer de Amo y a seguir las instrucciones.


Tenía que ir a una plaza vestida con un top blanco y un pantalón de algodón
blanco que se atase con dos cordones a la cintura, y debajo llevar un tanga
negro, primero debía de haber ido a comprar a una frutería ciertos elementos
que le había ordenado su Amo, seis zanahorias, dos pepinos, un kilo de plátanos,
crema depilatoria y esperar con el móvil cerca de recibir instrucciones.


Compró todo y se sentó en un banco de la plaza, sonó el móvil, lo cogió:


Hola perra, soy el enviado por tu Amo, ahora mismo no me ves pero estoy de pies
al lado de la estatua, solo estoy yo así que me reconocerás con facilidad. Ahora
vete al baño público y quítate el tanga y guárdalo en las bolsas y cuando vuelvas
sígueme.


Ella obedeció, cuando se lo quitó pudo comprobar como estaba toda mojada, El
hombre la estaba esperando cerca del banco donde había estado ella sentada y
se puso a caminar en dirección a una de las callejuelas que salían de la plaza,
ella caminaba a prudente distancia para que nadie pudiera adivinar siquiera
que caminaba detrás de ese hombre.


Gustavo caminó durante unos diez minutos hasta llegar a una marquesina de autobús,
allí se acomodó en uno de los bancos, cuando ella legó se sentó en el de al
lado con la cabeza gacha como la habían indicado, algo en su interior la indicaba
que debía entregarse sin pensar mientras otra voz la decía que hacía el ridículo
y que se marchase cuanto antes, pero venció la primera, más bien venció la fuerza
de su coño que estaba completamente empapado y mojado por la calentura.


El muchacho la dijo que cogerían el autobús XX y que se bajarían en la primera
parada, él subiría primero y ella se debía sentar delante o permanecer de pies
a su lado hasta que él la invitase a sentarse. Subieron al autocar pero el muy
sátiro seleccionó uno que estaba lleno hasta los topes y en el que para llegar
a la parada que tenían que bajarse debía pasar media hora, él se situó detrás
de ella, se comenzaba con la marcha a arrimar a Elena, con toda la muchedumbre
que iba en el autobús nadie podía siquiera sospechar lo libidinoso de su actitud.


Su polla se empezó a poner muy dura y en un frenazo del conductor la pasó la
mano sobre el abdomen y la soltó los cordones con lo que los pantalones estaban
ya lo suficientemente flojos para que Gustavo pudiera meter la mano libremente
y acariciar lo que quisiera, además se habían acomodado en un lugar donde era
imposible ser visto.

Su mano buscó el coño, estaba completamente mojado, con dos dedos los impregnó
de sus fluidos y los llevó hacia la parte de atrás y los apoyó en el ano y empezó
a masajearla con ellos, en un frenazo del conductor entraron en ella hasta la
primera falange, Gustavo aprovechó y entonces los metió enteros y empezó a follarla
el culo con ellos de manera no muy fuerte para que nadie lo notase.


Estaba ya muy caliente, él llevaba un bañador que tenía una abertura por delante,
la colocó de tal forma que nadie podía ver nada y la penetró con su polla, entonces
con los traqueteos del bus la empezó a follar mientras la decía al oido lo perra
que era, antes de correrse él y de que ella pudiera llegar al orgasmo se la
sacó y la hizo darse la vuelta y limpiársela con un pañuelo de papel.


Bajaron y se dirigieron a una tienda, la tienda era propiedad de un amigo que
le dejaba usar la trastienda de vez en cuando como picadero con la condición
de poder asistir como público y magrear a gusto a sus amantes. Cuando apareció
con Elena le dijo a su amigo:


Jorge, metela dentro desnúdala y haz lo que te dije el otro día.


Jorge la condujo a la trastienda, la puso contra la pared y la empezó a cachear,
cuando la hubo magreado a gusto la puso en un lado de la habitación y conectó
el ordenador que habían puesto, a un lado había una cámara de video que iba
a servir de webcam y los altavoces y un micrófono, para que el Amo pudiera observar
a distancia, hablar y poder escuchar todo lo que iba a suceder.


Elena era una mujer rubia de aproximadamente metro sesenta, pelo rubio, ojos
marrones, pechos medianos de pezón color café y aureola pequeña, culo durito
y pequeño en forma de pequeña manzana y coño rasurado por orden de su Señor.
Le fue colocada una barra separadora entre las piernas sujeta a los tobillos
y atada a dos cadenas que caían del techo.


Fue inclinada hacia delante hasta posar el torso sobre una mesa sobre la que
reposaban dos pinzas metálicas de las que salían sendos cables que iban a una
pequeña batería. Para probarlos la dio dos pequeñas descargas que hizo que ella
tensionase sus músculos a tope y chillase.


Jorge fue a atender la tienda y entró Gustavo, iba completamente desnudo, la
polla a medio subir pero que sin avisar se la metió en la boca, la sujetaba
del pelo y la follaba la boca con la polla como si fuera el coño, la polla se
fue poniendo muy dura, cada vez más, de vez en cuando la proporcionaba una descarga
que hacía que la chica se mojase más y se pusiera tan cachonda que tuvo su primer
orgasmo.


Luego cogió toda la fruta, peló un plátano y se lo metió en el coño y se lo
fue dando a comer trozo a trozo y lo comía él también del coño. Cogió una zanahoria
y la metió en el coño y otra en el culo y las iba sacando y metiendo dilatando
los agujeros, luego cogió otro par de tamaño un poco más grande hasta que cogió
las mas grandes y repitió la operación, las sacó de los agujeros y la dio varias
descargas más hasta que ella no aguantó y tuvo otro orgasmo pero que al tenerlo
en medio de una de las descargas y ser tan fuerte su corrida se orinó encima
cayendo toda la orina al suelo.


Gustavo entonces cogió una pala de ping pong y la dio diez azotes en cada nalga,
entonces cogió los pepinos y los metió en el culo y en el coño, cuando estaban
dentro y ella los sostenía apretando sus músculos la volvió a dar varias descargas
y con una vara de bambú la volvió a azotar diez veces en cada nalga y también
en los muslos.


Cuando hubo terminado de probar la fruta le metió la polla en el coño y la folló
con ella, la dijo que jadease lo que quisiera porque sabía que era una mujer
muy escandalosa, cada vez que la embestía con su verga ella jadeaba como una
posesa presa de la excitación por la follada y por las descargas en sus pezones.
Al de un rato la sacó la polla y retirando el pepino del culo la folló el culo,
mientras un consolador hacía los efectos de la polla en el coño y poniendo las
descargas con bastante frecuencia lo que hizo que la mujer estuviera en un orgasmo
casi continuo hasta que Gustavo se corrió en su interior. La liberó de sus ataduras,
la hizo limpiar y ordenar todo, el suelo la dejó que lo limpiase con un trapo
en lugar de con la lengua por su buen comportamiento.


Recibió la aprobación de su Amo, se ducharon y quedaron en repetirlo más veces
y tener más sesiones.