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Infidelidad y sumisión con un negro
Relatos de Sexo entre Razas
Olga se ve
seducida por un imponente negro, el cual la va a utilizar como a su zorrita
particular.
Hola, me llamo Olga, soy una chica madrileña de 36 años, estudie derecho en
la complutense y me case hace 7 años con un chico que conocí en la facultad,
mi vida sexual podemos catalogarla de normal, aunque me case enamorada de Luis
(que así se llama mi esposo), ahora pienso que vi a mi esposo mas como padre
de mis hijos, que como amante, ya que en esta faceta resulta un poco soso, creo
eso pasa mucho hoy en día, de ahí que quizás haya tantos divorcios. Por ello
nuestra vida sexual es mas bien monótona, lo hacemos por lo general los sábados
por la noche y con poca imaginación (vamos el misionero y poco mas). Tenemos
dos hijas de 7 y 8 años las cuales por motivos laborales de ambos pasan mucho
tiempo con mis padres.
Como toda mujer tengo mis secretos, y en el terreno sexual también, ¿quieren
saberlo?, pues bien, me gusta ser un poco sumisa, que el hombre me utilice a
su antojo y me posea, también siento debilidad por los hombres de color, cuanto
mas negros mejor, y cuanto mas machos mejor que mejor. Ni que decir tiene que
ni mi marido, ni nadie, tiene ni idea de esto, es mas, creo que esta es la primera
vez que lo exteriorizo de alguna forma.
Por cierto, no me he descrito aun, soy castaña media melena, 167, y 56 kilos,
trabajo a tiempo parcial en una asesoria en el centro de Madrid y soy muy coqueta,
me pinto adecuadamente, incluyendo las uñas de manos y pies, me encantan los
trajes de chaqueta y los perfumes caros (soy mas bien pija si) mi debilidad
son las medias y los conjuntos interiores de lencería fina, tengo muchos, aunque
a Luis no es que le hagan demasiada gracia. Mis tetas son normales uso una 95
de talla y mi culito es un poquito respingon. Me gusta que me miren cuando paso
por la calle, y que me digan piropos (a que mujer no? , verdad?).
Bueno lo que les quería contar es como conocí a Alberto; un día que Luis estaba
de viaje (viaja con cierta frecuencia al extranjero ya que trabaja en el departamento
de compras de unos grandes almacenes), me llamaron unas amigas mías para salir
a tomar algo entre semana, mis amigas se llaman lucia y raquel y las conozco
desde la universidad, siempre he intentado mantener esta amistad dado que congeniamos
de maravilla cuando nos conocimos y somos grandes amigas.Para la ocasión me
puse un traje chaqueta con falda hasta las rodillas, zapatos de tacón, pelo
suelto y medias negras, la verdad es que me puse bastante guapa.
Acudimos a cenar a un conocido restaurante del centro de Madrid, pedimos vino
y se nos fue subiendo a la cabeza. Después de los postres, Lucia comento que
porque no íbamos a tomar una copa a un local de al lado que ponen música étnica.
Yo le comente que no me parecía un lugar muy adecuado para nosotras por dos
motivos, el primero es que la media de edad era inferior a la nuestra y el segundo
que al poner música étnica iban muchos extranjeros y seguro que se armaban algunas
peleas (por otro lado pensé que habría buenos machos de color). No se como fue
pero acabo convenciéndonos y después de abandonar el restaurante nos dirigimos
al citado local que estaba a dos pasos de allí. Una vez en la puerta nos dejaron
entrar sin pagar, me imagino que porque éramos chicas solas, ya que a un grupo
que vino detrás de nosotros observe como les cobraban 6 euros por persona.
Dentro el ambiente era el que me imaginaba, muchos extranjeros y de una media
de edad que rondaría los 24-26 años. Una vez allí y un poco afectadas por el
vino de la cena, nos pedimos unos cubalibres, yo no estoy acostumbrada a beber
y la cosa se estaba complicando, ya un poquito subidita me empecé a fijar en
los chicos que había en el local, eran todos extranjeros, había árabes, negros,
sudamericanos etc... de entre todos, (que la verdad nos estaban mirando muy
insistentemente) me fije en un chico negro, de aproximadamente 1 85 de complexión
fuerte y pelo a lo afro, el cual también nos estaba mirando, me quede prendado
de el, que tío, estaba buenísimo, era como el tipo de tío que me ponía a mil,
además no debía tener mas allá de 24 o 25 años. Mis amigas me comentaron al
verme mirar para allá que si me gustaba el chico, yo disimule y les dije que
ni hablar, que yo solo tenia ojos para mi Luis, (pero no era mas que una excusa).
Bueno al cabo de un rato de miradas, y yo cada vez mas caliente por el ambiente
y la situación el chico se dirigió a mi, creía morirme, se me presento me dijo
que se llamaba Alberto y que si podía invitarme a una copa, aun no se porque
(o quizás si) pero accedí, mis amigas se quedaron de piedra, no pensaban que
iba a aceptar, pero lo hice y a día de hoy no me arrepiento en absoluto. Le
acompañe a la barra y me invito a otro cubata, y nos sentamos en una parte de
la sala que estaba acondicionada en plan mas tranquilo, me empezó a hablar de
el, me dijo que trabajaba en un McDonalds, que había venido a España hace 5
años procedente de Guinea y que vivía con otros compatriotas en un piso compartido
por Gran Vía, hablaba bien el español y enseguida me quede aun mas prendada
de el, era guapísimo y estaba como un tren. Las horas pasaron volando, le comente
de mi vida, que era casada y lo demás, me hizo la típica broma de decirme que
no era celoso....
Yo cada vez mas caliente, Alberto cada vez mirándome mas descaradamente las
piernas y el canalillo que mi blusa dejaba ver. En esto llegaron mis amigas
para decirnos que se marchaban y no era para menos ya que eran las 4 de la madrugada
(madre mia!) me dejaron sola con este chico y se marcharon susurrándome al oído
que aprovechara que el chico estaba para dejarse violar, yo sonreí, y se marcharon.
Ahora si que estaba perdida, me había quedado sola con este pedazo de chico,
de los que me gustan al cual le sacaba unos 10 años y que en mi interior me
tenia a mil. Por fin me dijo que si quería ir a conocer su piso que no habría
nadie ya que sus compañeros trabajan de noche en discotecas y bares y que no
llegaban hasta las 8 o las 9 de la mañana, además estábamos cerca de su casa.
Ante esta proposición llego la hora de decidir, o volver a mi casa, ponerme
el pijama y a dormir, o dejarme llevar por la situación. Me costo decidir, pero
no podía desperdiciar dicha proposición, me moría por estar a solas con Alberto,
de ser suya, de ser su sumisa como a mi me gusta. Me había calentado con su
acento extranjero, su boca, sus musculosos brazos, sus piernas, estaba al limite.
No pensé en absoluto en mi marido, ni siquiera me acorde de el, además mis niñas
estaban pasándolo bien con mis padres (se las habían llevado a la nieve con
eso de la semana blanca). Le dije entonces a Alberto que me gustaría que me
enseñara su casa. Con eso estaba dicho todo....
La casa estaba a unos 10 minutos del garito, cuando subimos me la enseño entera,
estaba desordenada, se notaba la ausencia de mano femenina, me enseño lo que
llamaban salón que no era mas que un par de sillones y tres sillas rodeando
un televisor de unos cuantos años ya. Me enseño como no iba a ser menos su habitación
estaba desordenada pero parecía limpia, cuando entramos, de repente me abrazo
muy fuerte y me planto un beso con lengua a fondo, me quede fría, aunque esperaba
ese momento, es mas lo deseaba, me había pillado fuera de juego, pero enseguida
respondí liando mi lengua con la suya y explorando sus dientes a fondo. ¡Que
caliente estaba!, Alberto enseguida me cogio del culo y lo apretó a fondo, y
me dijo unas palabras que siempre recordaré:
quieres ser mi putita esta noche?
A lo que respondí sin dudarlo por mi calentura que si, pero que si me trataba
como me gusta me tendría a sus pies el resto de mi vida. No me creía a mi misma
en dicha situación pero el instinto pudo conmigo y me entregue en cuerpo y alma
a mi negro.
Primero me dijo que quería algo especial, yo le pregunte el que y me dijo que
quería verme a sus pies como le había dicho, pero lamiéndoselos. La propuesta
me impresiono y me excito a la vez, dado que parecía que mi amado negro Alberto
le iba el rollo de la dominación, y eso ya era demasiado, parecía que había
encontrado la horma de mi zapato.
Y como tengo alma de sumisa me arrodille ante el, depositando mis rodillas enfundadas
en medias negras sobre un cojin que había por allí, desabroche los cordones
sus zapatos, los saque de uno en uno, el olor a sudor me embriago, le saque
los calcetines y le emprece a masajear sus hermosos pies negros, lo hacia bien
, le pasaba mis dedos por entre los suyos estaba gozando de lo lindo. Después
de un buen rato masajeándoselos con mis manos, acerque lentamente mi boca a
su dedo gordo sin apartar mi mirada de él, me lo metí enterito en la boca y
lo saboree, con mis ojos le estaba diciendo a Alberto que me tenia a su disposición
para lo que quisiera, el sabor amargo de su sudor no hizo mas que aumentar si
cabe mi excitación, era increíble verme allí comiéndole los pies a un impresionante
negro mientras ni me acordaba de mi marido.