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Mi cuñada
Amor Filial
Recuperando el tiempo perdido.
Llevamos once años casados y tenemos como vecinos al hermano de mi mujer y su
cuñada. Aunque mi relación con mi cuñada es francamente escasa, he de admitir
que ella siempre ha formado parte de mis fantasías. Supongo que esto es debido
a las generosas dimensiones de su cuerpo.
Tengo 38 años y mi cuñada uno más. Nunca me pareció especialmente atractiva
y, de hecho, con los años, cada vez ha ido engordando más.
Este relato será corto como corto fue nuestro encuentro. Me encontraba yo solo
en casa esos días. Me levante a desayunar y al no tener leche me acerqué a su
casa a pedir una botella. Llamé al timbre, tardó en abrir y lo hizo visiblemente
alterada, con el pelo alborotado y vestía únicamente un pequeño pijama corto
de raso. Bajo el flojo top de tiras se adivinaban claramente sus hinchados pezones
que coronan unas grandiosas tetas (tiene 135 de pecho). Me dijo que sintiéndolo
mucho tampoco tenía.
Volví a casa completamente empalmado y opte por tomarme el café solo. Terminé
de leer el periódico, puse música y me fui a duchar. Cuando estaba en plena
ducha note unas manos que me abrazaban por detrás y al notar dos pinchazos en
mi espalda comprendí que era mi cuñada. Estaba desnuda aferrándose con fuerza
a mi pene que desde que la había visto no había perdido la erección. Me confesó
que la había cogido masturbándose y que estaba muy caliente.
Se agachó y empezó a mamármela como si nunca hubiera tenido algo así en su boca.
No dejaba de alabar el tamaño de aquel biberón y me decía que ya vería que pronto
solucionaba ella el problema de falta de leche. En un par de minutos me corrí
inundando su boca de mi preciado líquido que se bebió con avidez hasta la última
gota. Subió y comenzó a besarme con fruición diciéndome que ahora le tocaba
a ella. Empecé a lamer sus pechos, bebiéndome el agua que escurría por aquellos
cántaros. Sus pezones no dejaban de crecer, tuvo un orgasmo ya con mi sobeteo.
Descendí hasta su gruta, tenía los labios carnosos y entreabiertos, el pubis
perfectamente afeitado con un sugerente triángulo sobre la raja. Muy cerca del
borde asomaba un botón rojo e hinchado, empecé a chuparle el clítoris con intensidad,
creció y se endureció aún más con rapidez, se abrió de piernas y tirándome con
fuerza del pelo se volvió a correr en mi boca.
Se dio la vuelta y me suplicó que la follara ya de una vez. Sin más preámbulos
se la hinqué de un certero golpe. Entró con facilidad gracias a su lubricación
y la introduje hasta la mitad quejándose del tamaño de mi verga; pero después
del mete y saca inicial empezó a sacudir sus nalgas pidiéndome que la metiese
toda. Estuvimos así cerca de diez minutos y cuando la saqué protestó. Acallé
sus protestas apoyando mi falo sobre el agujero de su culo. Me dijo que ni se
me ocurriese meterle semejante tranca por detrás. Sin hacerle caso la enjaboné
bien y le metí la punta del glande. Lanzó un gemido entre placer y dolor. Le
acricié suavemente las tetas, pellizcándole los pezones y lentamente comenzó
a culear rítmicamente lanzando gemidos cada vez más importantes. Iniciamos una
cabalgada impresionante.
No paraba de gritar diciendo que la iba a reventar, que ya notaba como golpeaban
mis huevos en su chochito, ya había tenido cuatro orgasmos por el culo cuando
me pidió que me corriese porque ya no aguantaba más. Se levantó rogándome que
la dejase de sodomizar y al ver que yo seguía empezó a golpearme con su culo
salvajemente y apretó los huevos consiguiendo que descargasé dentro de ella
toda mi leche. Cuando nos separamos escurrían por su agujero los restos de mi
copiosa corrida. Terminamos de ducharnos y nos secamos. Me fui a mi habitación
con la intención de vestirme.
Apareció ella radiante. Sus tetas estaban aún más hinchadas y su coño estaba
inflamado y rosado por los envites de la ducha. Me empujó sobre la cama diciendo
que la había violado en la ducha y que ahora le tocaba a ella.
Se arrodilló entre mis piernas y con una hábil mamada me la puso tiesa de nuevo,
situación que aprovechó para sentarse a horcajadas sobre mi polla. Agarró mis
manos y las puso sobre su pecho invitándome al magreo al que accedí gustoso.
Cuando estaba completamente excitado se levantó y con una rápida maniobra se
giró sentándose otra vez con violencia sobre mi polla y ofreciéndome su culo,
que empecé a masajear. Se inclinó hacia delante hasta acostarse moviéndose lentamente
hacia delante y hacia atrás permitiéndome ver como salía y entraba mi polla
de su húmedo coñito.
Me chupé un dedo y se lo introduje sabiamente en su culito lo que desencadenó
su furia volviendo a un galope que terminó cuando nos corrimos al unísono. Se
levantó, me besó la polla y me dijo que lo repetiríamos.