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Sexo medio exótico
Relatos de Sexo entre Razas
De repente le dije que ya bastaba de sexo suave, quería un buen polvo,
que me demostrase lo que era un polvo fuera de lo normal, algo salvaje...
Nunca creí que esto ocurriría, no es que fuera racista pero…la cultura árabe
no era santo de mi devoción. Era un reacción de rechazo absoluto por el trato
que estos hombres daban a las mujeres, nada más, aunque más tarde descubrí que,
tal vez, este violento comportamiento hacia ellas, se viera recompensado en
la cama.
Le conocí en un municipio pequeño cercano a Granada, estaba de vacaciones, era
Semana Santa y por lo que parecía, y a pesar de mi nombre, María, mi comportamiento
no iba a ser muy similar al de una virgen. Estaba vestido totalmente a mi gusto,
me gustaban esos chicos que vestían con pantalones anchos, tan anchos que para
agarrarle el trasero tuviera que buscarlo muy bien, tenía un peinado un tanto
extraño, el pelo corto y a la vez un mechón largo teñido de rubio que colgaba
de su pelo. Yo iba con una amiga, ella le conocía desde hace tiempo, entramos
a casa de unos amigos de él, desde el primer momento en el que entré noté como
su mirada se clavaba en todo mi cuerpo, yo también le miraba, como para no mirarle…estaba
realmente para hacerle un par de favores. Más tarde mi amiga procedió a la presentación,
su nombre era Adam, y era palestino, el caso es que cuando lo vi no me importó
para nada, mmmm…ese nombre me incitaba a pecar…
Todos nos encontrábamos sentados en un sofá, cuando yo me levanté para ir al
servicio, él estaba justo en la puerta del salón por la cual debía pasar. Noté
como disimuladamente pegaba su bulto contra mi trasero. Pensé por un momento
que lo había hecho sin querer, pero no, miré hacia atrás y noté como me recorría
entera con cara de pervertido mientras sonreía levemente. Cuando volví, seguía
mirándome y de repente se acercó a mi y me dijo:
- Eres realmente perfecta, me encanta tu culo.
- Eres muy directo – le dije.
- Siempre- me contestó.
- Eso está bien en un hombre, que sepa lo que quiere, ¿qué es lo que tú quieres?
- Sinceramente…no sé, algo de ti.
- ¿De mi?
- Sí, me encantaría que me entregaras algo de ti, por ejemplo…tu cuerpo para
empezar…no estaría nada mal.
- Jaaaaaaaa…¿y para qué quieres mi cuerpo?
- Para disfrutar de cada rincón de él, saborear el tacto de tu piel – decía
mientras pasaba su mano por mi cuello y se acercaba poco a poco a mi.
No lo pude resistir más, con esa mirada felina que tenía, típica de hombres
de origen árabe y sus palabras me había cautivado y aún más, me estaba poniendo
realmente caliente. Comenzó a besarme suavemente por el cuello, después subió
mordiendo mi oreja violentamente, hasta que llegó a mis labios, donde descargó
el beso más húmedo y excitante de mi vida. Nos fuimos del salón hacia una de
las habitaciones, descubrimos que sólo había una mesa en esa habitación. Era
perfecto, me tumbó sobre la mesa y comenzó a acariciarme lentamente por encima
de la ropa, me fue quitando la camisa poco a poco, pero de repente le dije que
ya bastaba de sexo suave, quería un buen polvo, que me demostrase lo que era
un polvo fuera de lo normal, algo salvaje. Tras decirle eso, me abrio de piernas
bruscamente y me bajó el tanga, empezó a meter sus dedos en mi coñito, que ya
estaba completamente empapado, y me comenzó a masturbar mientras me chupaba
las tetitas, mmmm…estaban poniéndose tan duros…
- Te gusta puta?
_ Sigue cabrón….me encanta….
- Eres una zorra barata y vas a saber lo que es una buena polla, ¡cómela guarra!
Comencé cogiéndole la polla con las dos manos, me relamía mientras le miraba
para que se impacientara más, tras esto le comencé a chupar suavemente los huevos,
me los metí todos en la boca, mientras apretaba su culo y le introducía un dedo
en el culito, eso le debió gustar, pues empezó a gemir como un poseso. Luego
me metí enterita su polla, la cual llevaba un rato esperando, la chupé entera
con la lengua y luego me la introduje entera, notaba como su polla empezaba
a echar todos sus jugos y aproveché para poner mis tetas, mmmme encantaba su
corrida en mis tetas.
Luego me sentó en la mesa de nuevo y me abrió de piernas, me las puso en los
hombros y comenzó a embestirme, lo hacía tan fuertemente que notaba el ruido
de sus huevos al chocar con mi culo, luego me colocó de espaldas a él y metió
un dedo en mi culo envuelto en saliva, me metió su pollón por el culo, mientras
me agarraba del pelo y no hacía más que gritarme zorra y puta, reconozco que
eso era lo que realmente me ponía mas cachonda de él, me sentía como una auténtica
zorra dominada por su dueño.
Tras esto, se fue sin ni siquiera despedirse, más tarde lo encontré en el salón
y le dije que por qué no se había despedido con un beso al menos. Él me contesto:
- Tú sólo querías sexo salvaje, nada de besos, habibi.