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Me enamoré de Camila Relatos Tansexuales

 

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Andrés estaba orgulloso de ser heterosexual, pero un día se enamoró
de Camila...


No creo que exista nadie como Camila en todo el mundo, es tierna y cariñosa
como ninguna otra chica que haya conocido, es la chica más femenina que jamás
en mi vida haya encontrado es, en una palabra, ¡¡divina!!


Nos encontramos, por primera vez, una mañana mientras hacíamos una pequeña fila
para acceder a la ventanilla del cajero de un banco y, sin proponérmelo, de
pronto comenzamos a entrar en conversación. Me contó que ella trabajaba en una
empresa de seguros e inversiones financieras y me dio también otros datos referentes
a su persona; yo, por mi parte, también le proporcioné algunas referencias superficiales
de mi vida. La charla se extendió el tiempo que le llevó a ella llegar hasta
la ventanilla de caja. Cuando nos despedimos, ambos intercambiamos nuestras
direcciones de correo electrónico y nos despedimos, mientras elempleado del
banco examinaba los papeles que yo le había entregado.



Pasaron varios días sin que ninguno de los dos escribiera nada al otro. Un día
me encontraba en mi oficina (quiero aclarar que yo trabajo de forma independiente,
para varias empresas, en la implementación de sistemas de control de calidad
y ahorro energético), intentando tomar un breve descanso, cuando me acordé de
Camila y decidí enviarle un correo electrónico, preguntándole si aceptaba ir
conmigo a cenar o simplemente a tomar un café el día siguiente, le recordaba,
al mismo tiempo, que nos habíamos conocido unos días antes mientras hacíamos
una fila en el banco. Y… asunto concluido, el mail fue enviado. Realmente
las esperanzas de que me contestara eran para mí muy remotas, pero bueno, nada
se perdía con intentarlo.


Al día siguiente fue grande mi sorpresa cuando, al revisar mi correspondencia
electrónica, encontré que Camila me había correspondido; y me decía que aceptaba
mi invitación para ir a cenar; literalmente me dio un vuelco el corazón. Hace
ya mucho tiempo que estoy divorciado, y me había prometido no volver a enredarme
en compromisos sentimentales; pero esta chica me atraía en sobremanera y deseaba
grandemente pasar un rato con ella; en ese momento mi mente únicamente estaba
pensando en eso, en pasar una agradable velada sin llegar a nada relacionado
con una arrebatada aventura sexual, pues realmente aquella chica me gustaba
y no quería que las cosas terminaran de manera abrupta, mas bien quería que
aquella situación de amistad incipiente se prolongara.


Cuando calculé que Camila estaba por salir del trabajo al final del día, cerré
mi oficina, bajé a buscar mi coche, y me fui en él directamente a esperarla
a la salida. Llegue exactamente cuando ella estaba saliendo por la puerta principal
del edificio de la empresa en donde ella trabaja; detuve mi coche y con mi mano
derecha le hice señas, de tal manera que ella pudiera verme; cuando ella dirigió
su mirada hacia donde yo estaba, también ella hizo lo mismo para saludarme y
darme a entender que ya me había visto. Luego que se subió en el coche nos saludamos
con un inocente beso en la mejilla, ella se acomodó y nos dirigimos a dar unas
vueltas en el coche mientras llegaba la hora de ir a cenar.


Mientras dábamos vueltas por diferentes rumbos de la ciudad comenzamos a platicar
de diferentes cosas, y a medida que la conversación iba avanzando pude darme
cuenta que Camila era una chica muy inteligente y de gran cultura general.

Por fin llegó la hora de ir a cenar, entramos al restaurante, buscamos un lugar
apartado para poder disfrutar mejor nuestra mutua compañía, y continuamos nuestra
plática. Después de aproximadamente unas dos horas y media, la fui a dejar a
su casa, no sin antes comprometernos a volver a salir próximamente.


Estas salidas con Camila se comenzaron a dar con una frecuencia de unas dos
veces por semana, durante el mes que siguió a la primera vez que la invité a
cenar. Yo ya no podía más, sentía en mi interior que me estaba enamorando de
ella, que cada vez me hacía una falta increíble y, también al mismo tiempo,
sentía unos deseos difícilmente reprimibles de hacer el amor con ella. De manera
que un día me armé de valor, y me propuse invitarla a que pasáramos juntos un
fin de semana completo, en un hotel de montaña de una de las zonas más atractivas
del país. Así que la siguiente vez que salimos le expuse mis planes.


Camilita, - Le dije – que te parece si el próximo fin de semana, tu y
yo nos vamos

a pasar un par de noches a un hotel de montaña en una zona muy bonita del

país que yo conozco.

¿Me estás proponiendo que nos quedemos a dormir en ese lugar?

Si, realmente si, así es. – Le contesté.

¿Por qué piensas que te gustaría estar conmigo más tiempo y de una forma más
íntima? Porque eso es lo que pienso que quieres tú. ¿O no es así?

Sí Camilita, ciertamente quiero conocerte de una forma más íntima; no me digas
que no quieres acompañarme.

A decir verdad Andrés, me gustaría mucho acompañarte pero no se si realmente
luego te guste estar conmigo… no sé, puede ser que luego te arrepientas
y entonces yo me voy a sentir muy lastimada.

No, créeme que jamás haría algo que te lastimara.

Andrés, voy a ir contigo, pero si algo de mí no te gusta, sencillamente dímelo
y yo voy a comprender.

Después de esa conversación me quedé pensando porqué Camila estaba preocupada
de que no me sintiera bien con ella; pero esto desapareció luego de mi mente,
pensando en que estaría con ella todo un fin de semana completo, desde el viernes
por la noche hasta el domingo por la tarde. Era increíble para mí, pero de nuevo
estaba enamorado, me sentía como un chiquillo cuando se enamora por primera
vez. Yo, que me había prometido a mí mismo no volver a comprometer mis sentimientos,
ahora estaba totalmente enamorado de aquella nenita; a tal grado que cuando
estaba trabajando en mi oficina, a veces me costaba concentrarme porque su rostro
venía a mi pensamiento una y otra vez.


Los tres días que nos separaban del viernes pasaron veloces, y de pronto me
encontré de nuevo esperando a Camila a la salida de su trabajo; pero esta vez
traía consigo una pequeña maleta donde tenía lo que ella consideraba necesario
llevar a nuestro paseo, ya que de allí nos iríamos directamente con rumbo al
hotel de montaña.


Tuve que manejar aproximadamente unas dos horas y media, y durante el camino
Camila me estuvo haciendo algunos cariños y dándome algunos besos en la mejilla
y en los labios, nada especial, pero mis deseos de sexo se iban incrementando
cada vez más.


Después que nos hubimos registrado en el hotel fuimos a la habitación y dejamos
nuestro equipaje, posteriormente fuimos a cenar, y de allí a caminar un momento
por unos bosquecillos de pinos que rodean al hotel y que son parte de la misma
instalación. A medida que paseábamos comenzamos a besarnos y a hacernos caricias
con bastantes ansias, yo realmente no podía aguantar más aquella situación de
abstinencia.


Camilita, - Dije – ¿no crees que es mejor que nos vayamos a nuestra habitación?

Por favor Andrés, sí, vamos a la habitación, quiero estar contigo.


Nos fuimos rápidamente, apenas si podíamos caminar a un paso normal, nuestros
deseos nos estaban pidiendo a gritos que los satisficiéramos.


Pero cuando llegamos a la habitación algo raro ocurrió, de pronto Camila se
separó de mí y me dijo que a lo mejor no era una buena idea que tuviéramos relaciones
sexuales; a lo cual le respondí, sin ponerme a pensar en lo que decía, que no
podía dejarme así sólo con las ganas. Ella se quedó callada y bajó la cabeza.


Sabes, - Dijo Camila – creo que hice mal en acceder a tu invitación para
venir

aquí, creo que he arruinado tu día y quizás tu fin de semana. Te acuerdas que


te dije que si algo de mí no te gustaba que me lo dijeras y que yo entendería.

Sí, - Le respondí – claro que me acuerdo, pero porqué me estas diciendo
eso ahora; no hay algo que me haya disgustado de ti.

Bueno, tengo que confesarte algo, por favor prométeme por lo que más quieras,
que después no vas a golpearme.

Por qué Camila, por qué supones que voy a golpearte, cuando por ningún motivo
pretendo hacerte daño.

Andrés, pienso que esto pudiera alterarte mucho.

Pero qué es mujer, vamos, dímelo de una vez.


Camila se apartó un poco más de mí y volvió a insistirme:


Andrés, por favor, te lo pido nuevamente, no vayas a golpearme ni a ofenderme
de ninguna forma, por favor prométemelo.

De acuerdo Camila, te prometo que sea lo que sea que me digas yo no voy a

reprocharte nada de ninguna forma.

Bien, - Titubeo Camila – la verdad es que yo no soy una chica normal.

Vamos, explícate mejor, que no te entiendo lo que me quieres decir.

Es que yo… yo…

Vamos Camila, sin temor, dime lo que tengas que decirme.

Es que, yo soy lo que llaman una chica con pene.

¿Cómo?


Camila ya no me respondió, quizás esperando una reacción violenta de mi parte,
se sentó a la orilla de la cama con su cara entre las manos.


Andrés, créeme que lo siento, me duele que te sientas engañado y desilusionado,
pero te quiero, Andrés, y quería que nos continuáramos viendo. Pienso que nada
hubiera pasado si no hubiéramos venido aquí. Perdóname Andrés, voy a tomar mis
cosas y voy a rentar otra habitación para no incomodarte más; y mañana por la
mañana me voy a ir de nuevo a la ciudad.


En aquel momento yo me sentía confuso, no sabía que pensar, no sabía tampoco
qué decirle a Camila. Ella, entre tanto, se puso en pie y se dirigió a la cómoda
de la habitación para tomar sus cosas. Entonces reflexioné que no podía ser
tan cruel, porque a decir verdad yo también me había enamorado de ella.


¡Que carajos Camila! yo también estoy enamorado de ti y me me tiene sin cuidado
lo que la gente vaya a pensar o deje de pensar. Vamos Camila no arruinemos nuestro
fin de semana.


Diciendo esto me acerqué a donde ella estaba cerca de la cómoda, la abracé fuertemente
y la besé con pasión en la boca. Lugo me separé un poco y vi que unas lágrimas
se deslizaban por sus mejillas, sentí ternura, le limpié las lágrimas y le dije:


Camila, no te lo había dicho nunca antes, pero te amo y no quiero que estés
lejos de mí. Para mí tú eres perfecta y así me gustas. Por favor, quédate conmigo.


Después que dije eso, Camila me abrazó fuertemente al mismo tiempo que me besaba
en la boca y luego me decía susurrante:


Te amo Andrés, mi amor.


Después de esto ella bajó su mano buscando mi pene, que inmediatamente comenzó
a ponerse erecto. Después de un momento, nos separamos y comencé a quitarle
su ropa hasta que se quedó únicamente con sus bragas. A continuación ella me
quitó a mí la ropa dejándome totalmente desnudo, hizo que me acostara sobre
la cama y viendo hacia el techo; tomó suavemente mi pene entre sus delicadas
manos, lo acarició y después comenzó a masturbarme, despacio por momentos y
luego a prisa, cuando ella calculaba que podía correrme me lo apretaba para
bajar un poco la excitación que sentía, se lo introdujo en la boca y con su
lengua comenzó a lamer toda la cabeza de mi enrojecido pene, sentía que no podía
más, que me iba a venir en cualquier momento. Camila se dio cuenta de ello,
apretó con su mano un poco mi pene, soltándolo luego para subirse en la cama
y colocarse frente a mí.


Aquello que estaba viviendo era de locura, jamás antes con ninguna chica había
alcanzado un grado tan grande de excitación, por momentos sentía tanto placer
que casi no podía respirar, realmente no podía más, en ese momento tuve que
tomar yo la iniciativa, porque si me hubiese quedado pasivo, así como estaba,
hubiese muerto de tanto placer.


Me incorporé; como Camila aun tenía sus bragas, se las quité lo mas suave que
pude y luego jugueteé un poco con su pene, de allí empecé a besarle sus piernas
y cuando estaba cerca de sus rodillas pude observar que tenía unos pies muy
bien cuidados, los cuales causaron en mí un deseo irrefrenable de besárselos,
por lo cual me baje de la cama, me puse de rodillas ante ella, tomé sus pies
entre mis manos y los cubrí de besos. Nunca había vivido ni hecho algo así.
Me sentía feliz, estaba loco de placer. Volví a besarle sus piernas, esta vez
de abajo hacia arriba, y cuando había sobrepasado el nivel de sus rodillas,
extendí mi mano derecha para tomar su pene, que estaba totalmente erecto, y
comenzar a masturbarla. Me di cuenta que Camila disfrutaba aquello, lo podía
ver en la expresión de su rostro, era una expresión de puro placer. Al ver aquella
expresión tan dulce en su cara sentí el deseo de introducir su pene en mi boca
y masturbarla de esa forma, de manera que sin decirle nada comencé a chupar
su pene hasta que terminó, emitiendo una serie de quejidos de placer, su fluido
seminal cayó en mi mano el cual aproveché para echármelo en mi propio pene,
lo cual sentí delicioso, y comencé a masturbarme. Al ver esto Camila me dijo:


No mi amor, ahora me corresponde a mí darte placer a ti.


Y diciendo esto, Camila tomó mi pene con su mano derecha y comenzó a chuparlo,
primero despacio y suavemente, con un placentero movimiento de ir y venir; por
momentos quitaba su boca y sólo se quedaba masturbándome con su mano, acariciando
también por algunos instantes mis testículos. Así continuó hasta que llegué
a un momento en el que no pude mas contenerme, y de mi órgano salió como en
una explosión mi líquido seminal, el cual Camila se apresuró a recibir en su
linda boquita.


Los dos quedamos exhaustos de manera que nos quedamos dormidos.


Al día siguiente mientras desayunábamos, comentamos que hubiese sido una tontería
no habernos quedado a disfrutar el fin de semana.


Ahora que escribo esto Camila y yo estamos casi a punto de celebrar nuestro
primer aniversario de vivir juntos, qué error hubiéramos cometido si nos hubiésemos
separado aquella noche en el hotel de montaña, porque ahora somos muy felices
como pareja.


En próximas entregas les narro la historia de Camila; y algo de la vida íntima
de Andrés y Camila, como pareja.
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